Una fórmula porteña para el flujo del tránsito

 En la ciudad de Buenos Aires se necesita de un porcentaje de conductores que no respetan las normas a rajatabla para evitar embotellamientos. Una afirmación polémica con argumentos científicos.

En los exámenes para obtener la licencia de conducir no hay lugar para las dudas. Ante la pregunta de quién tiene prioridad de paso en una esquina, simplemente debería contestarse “el que circula por la derecha”. Sin embargo, una investigación de la UBA considera que la respuesta correcta podría ser “depende”. Por más que resulte llamativa, esta alternativa, polémica e incómoda para los expertos en seguridad vial, tendría argumentos científicos.

A finales de la década del 2000, la física de origen ruso Viktoriya Semeshenko llegó a la Argentina para desempeñarse como investigadora en la Facultad de Economía de la UBA, luego de realizar su doctorado en Francia. Al instalarse en Buenos Aires se sorprendió con el modo en que manejaban los porteños, poco predispuestos a respetar las normas. Desde entonces se enfocó no sólo en aprender a conducir en el caos de la ciudad, sino también en diseñar un modelo que le permitiera explicar el comportamiento de los conductores y, en el futuro, aplicar ese conocimiento a situaciones reales para mejorar el flujo de las calles.

“En 2008, cuando llegué a la Argentina me costó entender cómo se comportaba la gente frente al volante, porque en Europa se cumplían las normas y acá no. Yo frenaba en todas las esquinas de Buenos Aires para dar paso al auto que venía por la derecha, que tiene prioridad. Pero los demás vehículos pasaban, tocaban bocina o me insultaban. Hasta que me recomendaron que pasara porque sino me iba a quedar en esa esquina para siempre. Entonces pensé que tenía que hacer un click y cambiar algo, porque acá las reglas no funcionaban”.

Así comenzó a realizar una serie de investigaciones sobre el tránsito junto a los físicos Roberto Iglesias y Guillermo Abramson, del Instituto Balseiro. Los estudios se publicaron en la revista científica Plos One, con resultados que llamaron la atención puesto que, según concluyeron, para fluir mejor el tránsito necesita de un porcentaje de conductores que no respetan la norma a rajatabla. Actualmente, los investigadores están planificando llevar a cabo nuevas pruebas que transciendan los modelos matemáticos para enfocarse en situaciones reales.

Juegos y autómatas celulares

“Para altas densidades, el respeto absoluto de la precedencia de la mano derecha puede bloquear completamente la circulación en la calle”, dijo Semeshenko.

Para comprender la dinámica del cruce de calles, los investigadores aplicaron la teoría de los juegos y el modelo de autómata celular ¿De qué se tratan estos conceptos? “La teoría de los juegos proviene de la matemática y la economía y se utiliza para estudiar las tomas de decisiones y las interacciones usando estructuras de incentivos, como son los juegos.

“Tratamos de implementar la lógica que usamos cuando interactuamos con otro, por ejemplo, cuando queremos quedarnos con el último pedazo de una torta o una pizza. En este caso uno se pregunta qué va a hacer el otro y, en función de eso, se propone una estrategia. La teoría de los juegos se enfoca en tener en cuenta el impacto de las decisiones de uno sobre los otros”, precisó Semeshenko, y apuntó que usaron esta teoría para comprender el comportamiento de los conductores en ​las esquinas y analizar los resultados de las interacciones en función de sus estrategias.

Semeshenko agrego que, al mismo tiempo, la dinámica de los autos responde a un modelo de análisis matemático conocido como “autómata celular”, surgido en la década de 1940, y que cuatro décadas más tarde fue empleado por primera vez por el físico alemán Kai Nagel para reproducir los embotellamientos espontáneos del tránsito en las autopistas.

Un autómata celular es un modelo compuesto por un conjunto de celdas (o células) que adquieren distintos estados o valores que se pueden cuantificar y evolucionar según una determinada expresión matemática. “En el caso del tránsito, modulamos el comportamiento de un auto como si fuera una célula que tiene dos estados (muere o nace) y analizamos las interacciones”, dijo.

Y agregó: “Para modelar la situación de la Ciudad de Buenos Aires, adoptamos la dinámica de Nagel (cada auto se mueve a una velocidad constante y puede acelerar si la distancia que lo separa del siguiente vehículo es mayor que su velocidad). Tomamos en cuenta dos tipos de conductores: cooperadores (que respetan la regla y, cuando se acercan al cruce, dejan pasar al que viene por la derecha) y otros que no lo son, llamados defectores. Además incorporamos un conductor que cuando se acerca al cruce puede estimar a qué distancia viene el auto a la derecha. O sea, el colaborador debería parar en el cruce, pero avanza si observa que puede pasar antes de que el otro vehículo se acerque”.

Los que no cooperan pasan igual y producen los choques. Pero lo interesante es que el flujo mejoró cuando no todos fueron cooperadores. Así los científicos concluyeron que las personas que no respetan la regla de la derecha son necesarias.

El estudio generó diferentes resultados según las densidades del tránsito: “Para densidades intermedias o altas es más importante ser un conductor `decidido´, acelerando o frenando el máximo o el mínimo respectivamente, que cooperar. Se puede concluir que una fracción significativa de defectores es muy peligrosa en bajas densidades, o en regiones de alta velocidad, pero algunas de ellas son necesarias para aumentar el flujo a densidades intermedias o altas de automóviles. De hecho, para densidades muy altas, la prioridad de la mano derecha es molesta y se debe preferir el cruce alternativo”.

Situaciones reales

¿La investigación permite explicar el comportamiento del tránsito en una situación real? En algunos casos sí. Al respecto,​ Semeshenko explicó que, “para altas densidades, el respeto absoluto de la precedencia de la mano derecha puede bloquear completamente la circulación en la calle, un fenómeno bien conocido en muchas situaciones reales de tránsito”.

Más allá de este aspecto, señaló que en las investigaciones también propusieron contrastar el modelo con datos empíricos. Los primeros experimentos de esta nueva etapa se realizaron en la ciudad de Bariloche, donde vive Abramson, quien se desempeña como investigador del Instituto Balseiro. Allí filmaron a los autos cruzando una calle durante casi un mes y ahora buscan avanzar con nuevas investigaciones y sumar diferentes situaciones, como las salidas de los supermercados.

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