Una apuesta para bajar la inflación el año próximo

Algunos economistas estiman que los precios podrían desacelerarse hacia 2021. Un eventual acuerdo con el FMI debería estar alineado con un objetivo de desinflación.

Damián Pierri, investigador del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP), sostiene que “más allá del nivel de impresión de monetaria, la inflación va a tender a bajar a partir del 2021. Todo dependerá de lo que se haga de acá en más en términos de coordinación entre el Tesoro y el BCRA”.

Pierri, quien además es profesor de Macroeconomía II en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, agrega: “En este contexto las tarifas están congeladas, las jubilaciones aumentarán por decreto, casi que no hay paritarias. Es decir, todos los elementos indexatorios están suspendidos, por eso digo que existe la posibilidad de coordinar todas estas variables hacia un sendero de inflación moderada. Además, hacen falta políticas monetarias y políticas fiscales. Y la política fiscal va a una pauta de consolidación lenta. Por eso, para que la inflación baje hay que mejorar la estructura de financiamiento de ese gradualismo. Con este nivel de monetización del déficit será difícil acumular reservas”.

“Es la primera vez que la Argentina tiene lo que llamo un doble 10: Más de 10 puntos de déficit fiscal y otros tantos de recesión, al menos desde 1961, que es cuando comenzamos a tener estadísticas públicas”, dijo Pierri

Sin embargo, si no se lleva a cabo la acumulación de reservas, la pregunta que surge es cómo se le propone al Fondo Monetario Internacional un plan de pagos. En este sentido, el cumplimiento de un eventual acuerdo está alineado con el objetivo de desinflación. Al respecto Damián aclara: “Es verdad. Son objetivos muy ambiciosos, que tienen como meta extraer la reserva del mercado privado de dólares, algo que no pasó casi nunca. Si el FMI te pone arriba de la mesa un sendero de acumulación de reservas, y de esa manera no llegamos a pagarles, tendremos que ampliar el set de instrumentos con el cual nos financiamos. Y habrá que emitir deuda en dólares, algo que induce naturalmente la disciplina fiscal-monetaria requerida para desinflar hoy. Si haces inducción hacia atrás, no hay muchas opciones: consolidar gradualmente, ampliar el menú de activos, armar un programa monetario con muy buena comunicación con el mercado y coordinar tarifas-jubilaciones-salarios”.

Días atrás, Joseph Stiglitz sugirió que el FMI podría recomprar en forma voluntaria la deuda de los países emergentes, algo habitual en el sector corporativo, en América Latina en los años 90 y años más tarde en Grecia. En referencia a esta postura, Pierri afirma que “Stiglitz tiene la hipótesis de que va a haber muchos países en default. Con esa idea en mente, lo que propone es muy razonable. Sin embargo, si eso no ocurriese, lo que se puede negociar con el FMI es que te permita hacer un fondo de estabilización en cabeza del Banco Central. La recompra que dice Stiglitz tiene sentido, pero no para gastarla en AUH y en IFE (servicios de deuda no hay), sino para que quede a disposición del Banco Central, al estilo del swap, cuando hace falta echar mano de ellas. Y ahí incluso se podría aflojar el cepo sin mayores riesgos”.

Justamente, en referencia a la variabilidad del precio del dólar Pierri cree que “va a seguir el control de capitales y la gradualidad con la que se vaya a levantar el cepo va a ir de la mano con la convergencia del déficit fiscal. Y menos con estos niveles de tasa de interés. Mientras exista este déficit fiscal, van a seguir apareciendo problemas de orden nominal, excepto que se esté dispuesto a aumentar la cantidad de deuda externa que se emite (algo que no creo que ocurra en este gobierno, el cual intenta diferenciarse del anterior en ese sentido). La deuda externa, sabemos, ayuda al gradualismo si se lo combina con un sendero de precios relativos no muy volátil y un buen mix de financiamiento. Las esquinas suelen ser malas desde el punto de vista normativo”.

A jugar con doble 10

Puesto a analizar e investigar la actualidad económica y financiera de la Argentina, Damián Pierri afirma que “es la primera vez que la Argentina tiene lo que llamo un doble 10: Más de 10 puntos de déficit fiscal y otros tantos de recesión, al menos desde 1961, que es cuando comenzamos a tener estadísticas públicas”. Y agrega: “Es algo que no tiene precedentes desde esa fecha y, lo que es más relevante, tampoco hay antecedentes desde que se abrió la cuenta capital a nivel mundial y el comercio de dinero, en 1973”.

Pero como corresponde a todo buen investigador, luego del diagnóstico llega la hora sugerir los pasos a seguir: “Ante esta situación hay dos problemas principales. El primero es la velocidad a la cual se trancisiona a un déficit estructural, el cual el gobierno estima que sería de entre 1,5 y 2,0 puntos del producto y todo parece indicar que no va a ser muy acelerada. Y, el segundo punto, es ver cómo se financia el gradualismo sin tener que emitir entre 5 y 6 puntos de impuestos inflacionarios, como se están emitiendo en la actualidad. Lo cual es bastante desestabilizante para la economía, por más CEPO que haya”.

Según Pierri, “el desafío es cómo hacer para financiar un déficit que va a estar por sobre los 4 o 5 puntos del PBI primario y, al mismo tiempo, acumular reservas, sin emitir deuda externa”.

Como ya se dijo, en esta coyuntura, el financiamiento no fue un gran impedimento “ya que la pandemia puso una demanda de dinero bastante alta, pero cuando este escenario cambie va a haber que cambiar el financiamiento. Bajo las actuales condiciones, el mercado doméstico no está en condiciones de emitir más de un punto de ese financiamiento. Si se sigue por este camino, con este grado de discrecionalidad, el gobierno tendrá que empezar a regular la actividad bancaria para direccionar los excedentes de liquidez de las instituciones hacia el fisco, lo cual puede ser peligroso, o ampliar los instrumentos con los que se financia”.

Y, puesto a detallar esos instrumentos, comienza por el primero de ellos: “Si no se emite deuda externa y se quieren acumular reservas, en este nivel de doble diez al que hacía referencia y que desestabiliza todo, va a estar complicado. Generalmente, la acumulación de reservas se da por la emisión de deuda pública. Eso solo sucedió durante tres años, entre el 2003 y el 2006, pero es muy infrecuente”.

El docente llegó a la conclusión de que “la mayoría de las economías van a estar transicionando hacia la nueva normalidad en tres etapas. La primera es el piso de la recesión, luego vendrá el fin del rebote técnico y, por último, la convergencia hacia la nueva normalidad. Entre las últimas dos etapas hay que ir muy despacio con diferentes políticas fiscales, digamos, de acompañamiento. Por eso el desafío es cómo hacer para financiar un déficit que va a estar por sobre los 4 o 5 puntos del PBI primario y, al mismo tiempo, acumular reservas, sin emitir deuda externa”.

“En principio hay tres opciones. Recurrir a los bancos, al mercado doméstico y a la deuda externa. En mi opinión hay que hacer una mixtura de las tres. En principio hay que mejorar la puntería en el mercado local porque, hoy por hoy, no hay set de instrumentos que la gente se desespere por comprar y, de esa manera, absorber un poco de liquidez”, razona el investigador.

Por último, Pierri sostiene la importancia del campo, pero aclara que con ello solo no alcanza: “Lo paradójico es que el balance comercial está arrojando buenos números, máximos desde 2001, porque hay muy poca importación y un CEPO enorme. Pero eso no se traduce en acumulación de reservas. La economía del campo sirve, por ejemplo, para que la economía se ponga de pie, pero si no se ordena la nominalidad va a seguir existiendo una situación “en espejo en la cuenta capital”: con cepo, superávit comercial récord y la caja vacía. Esto es así ya que la gente anticipa importaciones, no liquida exportaciones, compra todos los dólares que puede y, al mismo tiempo, no ingresan dólares por el mercado oficial”.

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