Salud en la Argentina: Todo por hacer

Es sabido que el sector de la salud no atraviesa un buen momento en nuestro país. Por eso, resulta imperioso saber cuáles son las causas que generaron y generan este deterioro, así como saber dónde estamos parados y en qué dirección avanzar. Un seminario organizado por la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, con especialistas en la materia, dejó en claro muchas cuestiones en ese sentido.

La problemática de la salud en la Argentina es tan profunda como compleja. Y requiere de diversos aportes para lograr mejorarla. A la hora de hacer un primer diagnóstico vale la pena desglosar algunas de sus falencias. “Tenemos una salud distinta de acuerdo a dónde viva la gente que se atienda, a su género, al trabajo que tenga y a dónde se encuentre el mismo. También hay diferencias de atención si dicha tensión proviene de Nación, de las provincias o de los municipios. Hay un gasto exponencial de los costos, un desequilibrio financiero y una ineficiente asignación de los recursos”, detalla Sonia Tarragona, economista especializada en salud, secretaria de Extensión Universitaria de la Universidad Isalud.

“Además, –continúa- no hay un sistema integrado y no tenemos información suficiente para la toma de decisiones. Por ejemplo, no se sabe cuál es el gasto consolidado del país en salud, no se sabe cuál es el gasto privado, el gasto en medicamentos, el gasto de provincias y municipios y no sabemos cuántos médicos tenemos. Decimos que tenemos un sistema de salud, cuando en realidad lo que tenemos son tres subsectores, el público, el de seguridad social y el subsector privado”, afirmó Tarragona en el Seminario de Economía Política organizado por la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, “Diálogo interdisciplinario: Desafíos de la provisión y financiamiento de las políticas de salud en la Argentina”, a cargo del profesor e investigador del Instituto Interdisciplinario de Economía Política de Buenos Aires (IIEP- BAIRES), Oscar Cetrángolo.

Según Tarragona es necesario atender los requerimientos del envejecimiento poblacional e  incorporar nuevas tecnologías.

Cuando nos planteamos las necesidades que tenemos, Sonia aclara que no siempre hablamos de lo mismo. “Por un lado, tenemos las necesidades técnicas, las que los profesionales de la salud determinan que hay que cubrir para atender un determinado problema de salud. También existen las necesidades preferentes, que son las que la población no percibe, pero que el Estado entiende que son importantes, y por ende decide que las va a financiar, como puede ser la vacunación”.

Además, hay un tercer grupo de necesidades, que son las que Sonia define como “necesidades percibidas, que son las que la gente cree que necesita y, en base a eso, muchas veces demanda atención, la cual no siempre es la misma que indica un profesional de la salud. Y esto no es un tema menor, porque esta exigencia de lo que creemos necesitar determina buena parte del gasto en salud”.

En busca de una solución a la problemática, Tarragona afirma que “la Argentina necesita mejorar los resultados sanitarios ya que, teniendo en cuenta que se invierten 10 puntos de PBI, los mismos no son buenos. Precisamos atender los requerimientos del envejecimiento poblacional, que va a consumir más medicamentos y más atención en salud. Y necesitamos incorporar nuevas tecnologías, pero aquellas que sean costo efectivas”.

Por último, la docente sostiene que también “debemos lograr equidad vertical y horizontal. La horizontal indica que, dos individuos con la misma necesidad, reciban la misma atención; y la vertical, que dos individuos con necesidades distintas, reciban apropiadas atenciones diferentes. Y hay que fortalecer el rol del Ministerio de Salud, al que me resisto a llamar Secretaría, porque si decimos que la única manera de lograr equidad en un sistema es con una mirada global y macro del problema, si lo degradamos, va a ser imposible establecer prioridades”.

Del dicho al hecho

La visión política del seminario estuvo a cargo de Zulma Ortiz, exministra de Salud de la provincia de Buenos Aires y subdirectora ejecutiva del Instituto de Investigaciones Epidemiológicas de la Academia Nacional de Medicina, para quien “cuando se trata de definir una política, la misma tiene que ser prioritaria y eso responde a los distintos tipos de necesidades. Por eso tenemos que ponernos de acuerdo en qué es prioritario y cómo se define la misma. Luego, se necesita una plataforma para que todos entendamos los pasos a seguir”.

“Después hay que elaborar un plan y validarlo con mecanismos democráticos, algo que siempre suele faltar en la Argentina. Luego hay que pasar al programa, que debe tener resultados verificables y con evidencia científica que lo respalde. Y, por último, necesitamos la ventana de oportunidades en términos fácticos y, sobre todo, económicos, de financiar esto. El mejor ejemplo de que todo esto no se aplica es la Agencia de Evaluación de Tecnología. Es una prioridad que no ha logrado crear una plataforma con un consenso democrático de todos los actores y que, en muchos casos, se quedó estancada en los conflictos de intereses, en lugar de avanzar hacia un consenso de intereses”, resume Ortíz.

Tenemos que ponernos de acuerdo en qué es prioritario y cómo se define una política para la Salud, considera Ortíz

“Si pensamos al sistema de salud como una relación directa en términos sanitarios, nos quedamos cortos. Todo dependen del marco conceptual que usemos. Creo que el sistema de salud es un determinante intermedio y no estructural de la salud. O sea, no puedo pensar en la salud si no tengo políticas macroeconómicas del mercado de trabajo, de vivienda, de educación. Si lo pienso como sistema y paso a tener en cuenta solo al medicamento o la atención primaria, me quedo corta. Y ahí empieza la tensión en términos presupuestarios y el desafío para que todo esto conviva y poder entrar en esta puja con nuestras propuestas, planes y programas”, relata Zulma.

“Los medios de comunicación también juegan un rol importante en la definición de las políticas prioritarias”, afirma Ortíz, y luego desarrolla: “Por ejemplo, todos los años aparecen noticias acerca de faltantes de drogas para tratar diferentes tipos de cáncer en el PAMI. Cuando uno, como ciudadano, consume esta información se preocupa porque no quiere que les falten medicamentos a los abuelos. Pero al estar del otro, entiende que hay alguien que paga por esa nota y que pretende generar una demanda. Y esa presión que se ejerce vía medios, distorsiona parte de lo que uno necesita financiar porque ese dinero se termina destinando a otro lado. Además, estas noticias suelen aparecer cuando el PAMI está por firmar un convenio con la industria”.

Por último, la ex secretaria de salud recuerda una anécdota poco feliz que marcó el principio del fin de su gestión. “En la Provincia empezamos a trabajar más de lleno en la compra de medicamentos oncológicos. Tres cámaras de industrias de medicamentos contrataron a una cuarta para negociar los precios. Detrás de esas cuatro cámaras había quince prestadores, que eran los laboratorios. Esto significaba una cadena de intermediarios muy grande y mucha plata que quedaba en el camino. Lo que hicimos fue negociar directamente con los laboratorios para romper con esta cartelización. ¿Cuál fue la consecuencia inmediata? 23 balazos en mi despacho. Ahí empezó mi renuncia”.

También puede gustarle...