¿Qué sistema de jubilación queremos?

La revisión del sistema previsional parece repetirse gobierno tras gobierno, pero ninguna logra el consenso suficiente como para imponerse. Eduardo Levy Yeyati, un especialista en la materia, da cuenta de cuál es el panorama actual y cuáles las posibles salidas.

El tema de la fallida reforma previsional dio mucho que hablar en el último tiempo. Y seguramente también dará que hablar en el futuro. Porque, si bien no es un tema marketinero en épocas de elecciones, no hay economista que admita que debería llevarse a cabo, más temprano que tarde. “Los cambios más estructurales hay que hacerlos durante los primeros seis meses de gobierno. Cualquier cambio que implique cierto nivel de redistribución o de cambio en el contrato social se tiene que hacer inmediatamente después de las elecciones presidenciales”, sostiene Eduardo Levy Yeyati, Profesor de la Facultad de Ciencias Económicas.

“A mediados del 2016, el gobierno tendría que haber introducido la reforma previsional junto con la Ley de Reparación Histórica. Como para dar a entender que, por un lado, repartía y, por el otro, aseguraba la sostenibilidad del sistema. Pero en ese momento estábamos atravesando una recesión y se acercaban las elecciones de medio término, por lo que el Gobierno decidió patear para adelante todo aquello que pudiera llegar a restarle votos. Incluso otorgó la Reparación Histórica, pero sin ajustar y sin hacer la reforma. Se la guardó para tres años después, es decir, para hacerla en el comienzo de un hipotético comienzo de su segundo mandato”, afirmó Yeyati en el Programa Partida Doble, de Radio UBA.

Y agregó: “La Ley de Reparación establecía el llamado a un Consejo de Expertos para debatir sobre la reforma previsional, para luego enviar una propuesta al Congreso para ponerla en discusión. Ni el Gobierno ni la oposición pidieron que esa ley se cumpliera, tal como estaba estipulada. Porque nadie quiere salir a hablar de reforma previsional en esa coyuntura electoral”.

Al momento de tener que explicarle a la sociedad los beneficios de una reforma de este tipo, el economista sostuvo que “hay dos maneras de hacerlo. Una tiene que ver con el tema de los derechos adquiridos. Cuando se hace una reforma, no se le está sacando nada a los jubilados. El que ya está jubilado está indemne. Pero también hay otro tema interesante y que nunca se plantea del todo bien. Y tiene que ver con que, si uno compara la distribución interna de los ingresos en la Argentina con otros países, nosotros asignamos mucho más, en términos relativos, a los adultos mayores que a los niños”.

“Hay que pensar este tipo de políticas a largo plazo. Lo que falta es abrir el debate a los expertos, ponerlo sobre la mesa y sacarlo de la polarización política”, afirmó Yeyati en el Programa Partida Doble, de Radio UBA.

Y amplió el concepto: “Los demás países, sobre todo los más desarrollados, pero no solo ellos, ponen el dinero ‘en regar la planta’, en el futuro. Entonces, si nosotros queremos asignar más dinero a la primera infancia o al colegio primario, o a la formación profesional del más del 50% de la población que abandona el colegio secundario, ese dinero tiene que salir de algún lado. Es cierto, hay otros bolsillos, está el gasto político, por ejemplo, pero todos esos son bolsillos chiquitos, comparados con la cantidad de dinero que se necesita. Entonces, la reforma previsional es una manera de reasignar el dinero que le estamos dando a los adultos mayores, para dársela a nuestros niños. Es la única manera de garantizar que ‘la planta crezca’”, concluyó la metáfora.

 

Yeyati también destacó el problema de ingresos que tiene el sistema previsional argentino. “Más allá de la cuestión demográfica, tenemos otro tema del cual ocuparnos y es que la mayoría de los nuevos puestos de trabajo fueron monotributistas, que tributan poco, o trabajadores informales. Hay que subir el nivel de contribuciones. Este gobierno decidió reducir las contribuciones patronales. Eso fue un error y hay que revertirlo. Porque todavía está por verse cuál es el impacto de eso en la creación de nuevos empleos. Fue, básicamente, un regalo, una transferencia hacia los empleadores de trabajo poco calificado”.

“Hoy tiene más sentido pensar el sistema previsional como un régimen de seguridad social, una asignación universal para el adulto mayor, que debería ser fondeado con recursos generales”, sostiene el docente. Y agrega: “En el caso argentino es proporcional a los aportes, pero podría no serlo, como es en el caso de Nueva Zelanda. Pero el contributivismo basado en que lo que entró por un lado se usó para pagar por el otro, se quebró hace muchos años y después se fue disfrazando con aportes externos y hoy me parece imposible que se vuelva a un sistema cerrado y sustentable”.

Hacia dónde vamos

A la hora de pensar a futuro, Yeyati afirma: “En la actualidad, solo la mitad del sistema es contributivo. Entonces hay que sostener a quienes están por fuera, es decir, a quienes tuvieron trabajos precarios e informales, que cada vez son más. En gran medida, este déficit tiene que ver con la informalidad de la economía y con la alta rotación de la precarización, que hace que los trabajadores no aporten tanto. A esto hay que agregarle que no hay un régimen para el trabajador independiente que implique aportar algo proporcional a lo que recibe”.

“El monotributo debería modificarse. Más que reducirlo, lo que haría sería ampliarlo con más categorías, entre la más alta de monotributo y la de autónomos, y con aportes proporcionales mucho más altos, para blanquear o formalizar a los trabajadores. Porque pensar que se los va a incorporar al sistema de trabajador asalariado con reducción de cargas sociales, me parece que es ilusorio”, razona el docente.

“Para pensar una reforma previsional hay que preguntarse qué se quiere hacer. O se baja el techo del 82% móvil y se mantiene la cobertura o se reduce la cobertura y se mantiene el techo y la proporcionalidad. Y esa es una discusión entre un sistema más contributivo y uno más distributivo. Mi postura es la de un sistema más distributivo, como el que mencionaba de Nueva Zelanda. Y después, un pilar privado, donde cada trabajador puede ahorrar por su cuenta. Esta reforma en la Argentina no tendría un solo voto. Entonces la pregunta es cómo hacés para ahorrar en el marco de un sistema contributivo. Porque si no lo hacés, el déficit va a seguir aumentando”, plantea la incógnita.

A modo de contribución al debate, Yeyati describe cómo sería la reforma jubilatoria a la cual suscribe: “Tendría que ser una reforma que fuera sustentable, fiscalmente y a lo largo del tiempo. Ya tuvimos varias reformas y varias reversiones en la historia previsional. Pienso el sistema previsional como lo pensaba (Otto Von) Bismark, que es una transferencia hacia los adultos mayores, de la cual se hace cargo el Estado hasta cierto punto. Es un mínimo de subsistencia, ese es el criterio con el que lo pienso. Y lo pienso financiado por rentas generales. El sistema contributivo debería ser voluntario y posiblemente manejado por reglas de mercado, donde cada uno ahorra por su lado”.

Sin embargo, al analizar la coyuntura, ve difícil su implementación: “Entiendo que el consenso en la Argentina va hacia un sistema contributivo, la gente quiere recibir en función de lo que aporta, la solidaridad fiscal es algo difícil de vender en nuestro país. Entonces cierro con cualquier reforma, no importa que sea contributiva, siempre en la medida en que sea sustentable y permita liberar recursos para asignarlos ahí donde más nos hace falta, que es en la formación de los más chicos, de los futuros profesionales, del capital humano, que es donde creo que hay que apuntar, el camino más cercano para salir de esta trampa de bajo crecimiento”.

Por último, Levy Yeyati sostiene que “los políticos tienen que perderle el miedo al debate, tienen que olvidarse que, dentro de dos años, van a volver a estar en campaña. Hay que pensar este tipo de políticas a largo plazo. Lo que falta es abrir el debate a los expertos, ponerlo sobre la mesa y sacarlo de la polarización política, porque si no nunca vamos a avanzar. Esta discusión tiene que estar arraigada en la sociedad con un mínimo de consenso para llevarlo a cabo y que perdure, al menos, 20 años”.

También puede gustarle...