Proponen un sistema de código abierto para desarrollar semillas

En disidencia con el proyecto de modificación de la Ley que prevé tratar el Congreso, investigadores del Conicet y de universidades nacionales se inspiraron en las licencias de software para promover investigaciones participativas. Destacan a las semillas como fuentes de alimento, trabajo y desarrollo de nuevos materiales.

En las próximas semanas el Congreso de la Nación podría tratar nuevamente un proyecto para modificar la Ley de Semillas, sobre la cual existen diferentes puntos en discusión en relación al uso propio que pueden tener los agricultores y al acceso, por parte de los investigadores, a la información del proceso de mejoramiento genético que tuvieron esos materiales.

Para conocer más sobre el debate en torno la Ley Nº 20.247/73, el sitio de divulgación Saldo a Favor consultó a Anabel Marín, directora de Centro de Investigadores para la Transformación (CENIT/UNSAM) y profesora de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, quién se refirió especialmente al empleo de los materiales registrados para realizar nuevas investigaciones. Además planteó un proyecto alternativo que impulsa la creación de sistemas colaborativos de código abierto, como se utilizan en el software. Con este sistema ya anunciaron la primera semilla forrajera generada en la universidad pública, en colaboración con agricultores familiares.

Discusiones

Marín explicó que la actual Ley de Semillas está regida por el Acta de 1978 de la Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales (UPOV ´78), una organización intergubernamental con sede en Ginebra, Suiza, constituida en 1961 por el Convenio Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales.

“UPOV ´78 permite el privilegio o el derecho (conceptos que hoy están en discusión) del agricultor de guardar su propia semilla para plantar, y del mejorador para usarla en el desarrollo y registro de nuevos materiales. El primer aspecto se relaciona con la semilla como insumo clave para producir alimentos y, al mismo tiempo, con la necesidad de garantizar la supervivencia del sector de la agricultura familiar. El segundo aspecto tiene que ver con la semilla como fuente de información y conocimiento para la investigación”, explicó la investigadora.

“El Acta de 1991 de UPOV restringe el derecho de los mejoradores a usar el material que ya está registrado”, dijo Marín sobre uno de los temas en debate del proyecto de Ley de Semillas

En 1991, la Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales implementó cambios que representan algunos de los principales puntos de discusión del proyecto de Ley que se debate en nuestro país. “El Acta de 1991 de UPOV restringe el derecho de los mejoradores a usar el material que ya está registrado. En concreto, no podríamos registrar una variedad que ha sido esencialmente derivada de otra”, informó Marín, y aclaró que sobre este aspecto no hay acuerdo debido a que “no se puede determinar matemáticamente qué está esencialmente derivado o no”.

En EE.UU., donde se adoptó el UPOV ´91, se puede patentar una semilla y prohibir su uso para desarrollar nuevos materiales. No obstante, pocos países del mundo adhirieron a este acta. “En la Argentina todavía no se aplica esa norma. Aún utilizamos la UPOV ´78”, indicó Marín, e informó que, bajo estos parámetros, la Ley actual en nuestro país permite comercializar la semilla como obtentor, pero no restringir su utilización a otro mejoradores como fuente de información para el desarrollo de otros materiales.

“Estas cuestiones son las que hoy están en discusión”, advirtió, y señaló que “además se intenta restringir el derecho de los agricultores a reutilizar las semillas, otro aspecto sobre el cual tampoco existe acuerdo”.

¿Por qué aún no avanzó la Ley de semillas en la Argentina? “Porque se están enfrentando dos sectores poderosos: Por un lado, las grandes multinacionales semilleras (concentradas en sólo tres empresas) que empujan por derechos de propiedad más excluyentes, y por el otro lado el gran sector terrateniente, al cual no le conviene”, consideró la investigadora del Conicet.

Sistema colaborativo

A partir de un proyecto incubado en la Fundación CENIT junto al STEPS Centre – América latina, Marín y un equipo interdisciplinario de investigación vienen trabajando en un sistema de innovación abierta y colaborativa en semillas denominado Bioleft, que se propone como una alternativa a los proyectos que hoy están en debate. A partir de este sistema impulsan la utilización de una licencia de código abierto similar a la que se usan en el software.

“Proponemos que los productores de semillas, los desarrolladores y los agricultores que estén preocupados por esta problemática empiecen a transferir material con una licencia, que posee una cláusula donde se limita la posibilidad de restringir el acceso al material para el desarrollo de nuevas semillas”, explicó.

“Proponemos que los productores de semillas, los desarrolladores y los agricultores que estén preocupados por esta problemática empiecen a transferir material con una licencia, que posee una cláusula donde se limita la posibilidad de restringir el acceso al material para el desarrollo de nuevas semillas”, explicó Marín.

“Funciona igual que con la industria del software. Si soy dueño de una semilla puedo transferirla con un contrato donde conste que se permite generar un nuevo desarrollo a partir de ese material, pero no se puede restringir que esa nueva investigación sea utilizada por un tercero para el desarrollo de otros materiales”, detalló.

A su vez, este grupo de investigadores también impulsa el desarrollo de una plataforma de software que aliente el intercambio de información sobre el desempeño de las semillas y el mejoramiento participativo.

“Entendemos que existe un potencial enorme en este ámbito, sobre todo en la Argentina donde muchos mejoramiento del sector público no están llegando a los agricultores. A la vez, los desarrolladores del sector público tampoco están recibiendo información de los agricultores para hacer nuevas mejoras”, dijo Marín, y añadió. “En los últimos años, con la mayor concentración de la empresas semilleras, el sistema se trabó. Por eso estamos proponiendo la utilización de una plataforma para favorecer ese intercambio”.

A partir del sistema Bioleft ya lanzaron una semilla forrajera, denominada Ubuntu, en colaboración con la Facultad de Agronomía de la UBA y organizaciones de la agricultura familiar. El acuerdo, inspirado en las licencias creative commons, incluye el trabajo conjunto entre los investigadores de diferentes instituciones y los agricultores para sembrar, multiplicar y mejorar ese material.

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