Problemas y soluciones para el sector de las microfinanzas en la Argentina

La idea de brindar pequeños créditos a las personas más vulnerables y de bajos recursos para que puedan mejorar su calidad de vida, pareciera ser un objetivo loable. Sin embargo, no todo es color de rosa.

Cada uno de los jugadores del sector percibe diferentes problemáticas para un eficiente funcionamiento de las microfinanzas.

El sector de las microfinanzas, bastante desarrollado en otros países, recién está dando sus primeros pasos en la Argentina. Y esto se debe a que todavía tiene una larga lista de obstáculos por superar, “los cuales podrían resumirse en once”, afirma el investigador de la FCE Ignacio Carballo, y los enumera: 1) Factores macroeconómicos; 2) Dificultad de financiamiento de las instituciones; 3) Falta de coordinación en los actores del sector público; 4) Dificultad en la aplicación de nuevas tecnologías; 5) Dependencia del fondeo de segundo piso y/o donaciones; 6) Alto costo impositivo-tributario; 7) Informalidad en la gestión del sector; 8) Falta de profesionalización de los recursos humanos; 9) Imposibilidad de captación de ahorros; 10) Obstáculos legales; 11) Dificultad de ingresar al mercado de capitales.

Ante esta variada y amplia gama de problemáticas, Carballo sostiene que, lo que hay que hacer es “poner en valor al sector y esto se hace por dos canales: por un lado, a través del fin mismo que busca, que es mediante la inclusión financiera para la reducción de la pobreza, ya que apunta a los sectores más vulnerables de la economía; por otro, aportando una herramienta más para minimizar los efectos de la pobreza en los países emergentes, y particularmente en la Argentina donde, a diferencia de los demás países de la región, las microfinanzas son un sector muy poco desarrollado que posee una demanda potencial enorme (4.200.000 según el Fondo Fiduciario de Capital Social, Foncap) pero sirve a pocas personas ya que se calcula que hay menos de 100 mil prestatarios activos registrados (85,607 según el último mapeo de la Red Argentina de Instituciones de Microcrédito, RADIM).

Por si esto fuera poco, el crecimiento de este tipo de financiamiento no solo tendría consecuencias positivas para quienes obtuvieran el préstamo. “Fomentar unas microfinanzas responsables también es impulsar un factor sumamente importante en la macroeconomía, pues generaría empleo, mejoraría el impacto de la política monetaria, aumentaría la recaudación, fomentaría más carreras de profesionales e incentivos para académicos que investiguen estos temas”, agrega Carballo, cuya investigación sobre el tópico nació en su carrera de grado terminada con honores en la UBA.

“En los últimos años en nuestro país, se destacó la ‘integración al mundo’. Con ello cobró fuerza el fomento a la inclusión financiera y las microfinanzas desde el sector público. Pero cuando se le pregunta al sector qué es lo que necesita para crecer la respuesta es que necesita muchas cosas. Entonces, históricamente, no se logró transmitir un mensaje claro de por dónde es mejor empezar para eliminar las barreras que impidieron e impiden el desarrollo de las microfinanzas en la Argentina. Porque es un sector heterogéneo, donde cada parte tiene una mirada diferente y a los cuales estos obstáculos los afectan de manera distinta”, analiza el docente.

Ahora bien, conocidos los problemas y las soluciones en general, lo que restaba saber es cuáles son los obstáculos en particular de cada uno de todos los sectores involucrados, jerarquizarlos y proponer salidas también ideadas en función de cada problemática en particular. Justamente de eso se trata la reciente investigación de Carballo, que se origina a partir de una tesis dirigida por el propio economista: “Hicimos una encuesta online, que se podía responder de manera sencilla, con pocas variables y mucho contenido (preguntas abiertas y cerradas). Fueron consultados agentes líderes de instituciones, de tomas de decisiones, que ocupan cargos gerenciales, altos directivos del sector público, consultores, analistas y académicos”.

“Esta investigación viene a brindar una herramienta de información que le genere valor, principalmente, al sector de microfinanzas, pero también al sector público. Lo novedoso está en replicar este instrumento fácilmente escalable para poder sondear, no cuáles son los problemas de las instituciones, porque ya los conocemos, sino poder ordenarlos, jerarquizarlos y saber cuáles son los más importantes, para tener una idea de por dónde empezar”, detalla el investigador del CENES – Económicas.

Y amplía las conclusiones: “Además de analizar los obstáculos históricos, esta investigación permite detectar cuáles son los riesgos actuales, las amenazas a futuro y brindar algunas propuestas por los encuestados. El valor de jerarquizar los obstáculos no es, simplemente, saber cuál es el más importante en un promedio nacional, sino saber cuál es el más importante para cada tipo de institución, como puede ser un banco, una ONG o una IMF (Institución de Microfinanzas). Y cuáles son las diferencias de cada una de ellas. Lo ideal sería que esto sea tomado a nivel estatal para poder llegar a conclusiones institucionales y realizar políticas públicas de desarrollo inclusivo para solucionar las problemáticas propias de cada sector”.

Lo más valioso de la investigación es la jerarquización de los obstáculos para luego poder hacer un abordaje de los mismos.

Más allá de la importancia de los resultados sectorizados, también se pueden inferir algunas conclusiones generales. “Hay riesgos potenciales comunes a todas estas instituciones que se dividen en tres grandes áreas. Por un lado, los que provienen de los sectores de los servicios financieros, que son los que brindan las microfinanzas como, por ejemplo, no tener una buena gobernanza, no poder gestionar los desafíos de las nuevas tecnologías o el riesgo de, directamente, no tener un fondeo suficiente”, sostiene Carballo.

“Los otros riesgos son los que provienen del demandante, entre los que se pueden encontrar la posibilidad de que se interrumpa la relación de confianza con el cliente, que haya volatilidad en sus ingresos o sobreendeudamiento, o una baja educación financiera que haga que las personas no puedan hacer una buena elección de sus productos o servicios. Por último, están los riesgos del contexto o del ambiente del mercado”, sintetiza Ignacio.

Incluso, Carballo resalta los riesgos que visualizan los distintos sectores: “Tanto los especialistas privados como las instituciones financieras (ya sean con o sin fines de lucro), creen que sus mayores riesgos provienen del cliente. El único sector para el cual la relación con el cliente no representa el mayor riesgo es el sector público. Para este sector, el riesgo más relevante proviene de las instituciones de los servicios financieros. Es interesante ver que para los nuevos proveedores de microfinanzas, sobre todo las fintech, el riesgo que proviene de la demanda cae abruptamente. Para ellos, el riesgo proviene de los proveedores”.

Ahora bien, en la sumatoria de todos los problemas, el que acumula mayores coincidencias “es el macroeconómico y el segundo es la gestión de las nuevas tecnologías. Y, a partir de ahí, vienen tres problemáticas que tienen como protagonista al cliente: el sobreendeudamiento, la falta de capacidad o educación financiera y la volatilidad de sus ingresos”, destaca Ignacio.

Aunque hace la salvedad de que, cuando se habla de cliente hay que tener en cuenta que “se trata de los sectores más vulnerables. Por eso, cuando hacemos mención a la volatilidad de sus ingresos, puede significar que un día tenga para comer y al otro día, no”.

Y, por último, en este ranking de riesgos, “aparecen los que provienen desde el proveedor del servicio financiero, que es la liquidez de las IMF´s, el cual tiene poco o nulo margen de ganancia. Si esto sucede, la institución no puede dar más créditos y, en ese caso, el mal es mayor que el bien que se intentó hacer inicialmente. Porque el mundo de las microfinanzas funciona dando créditos pequeños, aunque cada vez mayores, para que la persona que los obtiene pueda, en determinado plazo, cumplir sus objetivos”, concluye Ignacio Carballo.

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