Narcoeconomía: ¿cómo son los números de la droga en la Argentina y en el mundo?

Andrés López, economista de la UBA y del CONICET, advirtió sobre el fracaso de las políticas así como el crecimiento del consumo y la oferta, en un extenso trabajo donde aporta cifras que hasta ahora no habían sido analizadas por su disciplina.

El estudio de las drogas fue llevado adelante hasta la actualidad por diferentes disciplinas pero no fue abarcado especialmente por la economía, al menos en la Argentina. Ante esa situación, Andrés López, docente de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA y director del Instituto Interdisciplinario de Economía Política de Buenos Aires (IIEP UBA-CONICET), comenzó a generar una serie de investigaciones sobre “narcoeconomía”, a las cuales planea incorporar trabajos de campo para mejorar las estadísticas de la Argentina y el debate sobre políticas públicas.

“Si bien no era mi área de trabajo, hace unos años empecé a investigar y a escribir algunas notas sobre el tema porque no estaba siendo abarcado por los economistas”, dijo López. En 2019, con esos estudios publicó un trabajo extenso donde se exhibe el fracaso de las actuales políticas en materia de drogas y el crecimiento del consumo y la oferta pese a las prohibiciones actuales.

Al buscar información sobre el tema en la bibliografía disponible, al investigador le llamó la atención los pocos trabajos de economistas que encontró en México, donde los carteles narcos causan estragos, mientras halló más papers en Colombia y en Estados Unidos, aunque no en relación a la magnitud que tiene el fenómeno en la política y en el debate público.

“Es complicado hacer encuestas y preguntar a una persona cuánto consumió o qué precio pagó. Por eso es muy difícil acceder a datos de producción, demanda y precios, por ejemplo, lo cual desalienta el trabajo de los economistas”, consideró el investigador de la UBA y del Conicet.

“Por ahora realicé una recopilación bibliográfica. La idea es, al publicar este artículo, despertar interés y poder continuar con las investigaciones con trabajos de campo. Hoy el Sedronar (Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentina) realiza encuestas de manera esporádica y cara a cara. Muchas personas consultadas prefieren no exponerse por lo cual la información no es tan fiable y hay un margen importante de subregistro (falsos negativos)”, afirmó, y agregó: “Por otro lado, sería interesante captar otras dimensiones del consumo de drogas, por ejemplo a través de encuestas a los jóvenes en edad escolar y universitaria, incluso de manera online o de forma anónima, como se hacen en Estados Unidos. Nos gustaría avanzar en esa agenda”.

Los números

La investigación de Lopez indica que desde comienzos de los 2000, cuando en Estados Unidos se empezaron a generar cifras comparables, el número de consumidores de drogas parece haber ido subiendo, particularmente de cannabis. Entre 2002 y 2017, se incrementó de 6 a 10% entre la población mayor a 12 años, según datos de la Encuesta Nacional sobre Uso de Drogas y Salud (NSDUH, por sus siglas en inglés). “Esto implica que los gobiernos invierten mucho dinero en combatir el narcotráfico, pero estas políticas tienen un efecto pobre”, dijo Lopez, y apuntó que en la Argentina, entre 2008 y 2017 el consumo aumentó 2,3 a 5,4% en la población de entre 12 y 65 años, según datos de Sedronar. En ambos casos los porcentajes se refieren a personas que declaran consumir en el mes previo a la encuesta. Habitualmente se asume entonces que se trata de consumidores “regulares”.

“La idea es, al publicar este artículo, despertar interés y poder continuar con las investigaciones con trabajos de campo”, dijo López.

En la Unión Europea, el Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías está llevando adelante desde 2011 un programa de estudio epidemiológico de aguas residuales en más de 30 ciudades del bloque. “Pueden conocer el volumen de consumo de clorhidrato de cocaína de Milán, por ejemplo, estudiando los metabolitos presentes en sus aguas residuales. En el caso de la cocaína en particular los datos comparables muestran un aumento del consumo desde 2015 en adelante, reflejado en los mayores niveles de concentración hallados en la mayor parte de las ciudades (esto puede deberse a que hay más consumidores, a que aquellos incrementan la intensidad del consumo o bien a que se consume droga de mayor pureza). Esta misma tendencia parece observarse en el caso de anfetaminas entre 2017 y 2018. Ya no son encuestas, donde la persona puede ocultar la verdad, sino que se trata de datos duros”, dijo López.

Por otra parte, advirtió que los precios a minoristas han ido bajando a lo largo del tiempo. Lo cual es contradictorio, ya que si una persona dedicada a la venta de drogas tiene mayor riesgo de ser encarcelada, debería subir sus precios. Además, según un informe de las Naciones Unidas, la producción de cocaína y opio alcanzó el récord histórico en 2017.

Según datos de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, entre 2007 y 2017 el precio de la heroína minorista en Europa cayó de 62 a 49 euros por gramo. En cocaína la caída fue de 77 a 73 euros. Para EEUU, en base a información de la DEA entre 2012 y 2016 el precio de la cocaína cayó 19%; mientras que en 2016 cayó 20%, en tanto los decomisos en la frontera sur crecieron 21,5%. Los datos para períodos previos muestran que se trata de una tendencia que se arrastra desde tiempo atrás.

Políticas públicas

En la Argentina, el número de personas encarceladas por causas vinculadas con las drogas ha venido escalando en los últimos 15 años de manera notoria; los apresados por violaciones a la Ley de Estupefacientes pasan de 3.271 en 2002 a 11.489, un aumento de 250%, lo que hace que su proporción dentro del total de la población carcelaria pase del 7,1% en 2002 a 13,5% en 2017. “Mientras tanto, los niveles de consumo no bajan. Se gasta más dinero en meter personas presas por la Ley de Estupefacientes que en el presupuesto del Sedronar y el ex CENARESO (Hospital Nacional en Red Especializado en Salud Mental y Adicciones Lic. Laura Bonaparte) juntos para campañas de prevención y rehabilitación”, dijo López.

“Desde el punto de vista de política pública esto está muy mal. Muchos trabajos muestran que, en términos costo beneficio, es más eficiente hacer una buena campaña de prevención y rehabilitación, que mandar a policías a la calle y que los jueces abran causas a personas que consumieron cannabis”, aseguró.

“Más de un tercio de las causas que se abren en la Argentina por estupefacientes son por consumo personal. Es absurdo. 1,5 millón de argentinos consumió marihuana al menos una vez al año en 2017 y alrededor de 1 millón lo hizo en el último mes previo a la encuesta de consumo de aquel año, según un informe del Sedronar. Todos deberían ser arrestadas y un juez debería indicarles un tratamiento, algo que no va a suceder. Prohibir el consumo no va a funcionar, como no funcionó la prohibición del alcohol En estados Unidos, con la Ley Seca”.

Recientemente en Estados Unidos legalizaron el uso de cannabis en varios estados (33 medicinal y 12 recreacional -11 más Washington DC). “Si bien habría habido un aumento de 20% en la prevalencia del consumo de marihuana, es una tendencia esperable en un contexto de legalización. En algunos casos la legalización se relaciona con la reducción del consumo de heroína y cocaína, con lo cual se estaría sustituyendo una droga dura por otra menos dura, al hacerla legal”, dijo López.

“A partir de esta medida también se habrían reducido los crímenes. Esto podría ocurrir tanto por el propio efecto directo de la reducción del mercado negro como porque la policía puede ocupar más tiempo en la prevención de otros tipos de crímenes. En algunos estudios se menciona también que la apertura de dispensarios de cannabis ayuda en el mismo sentido, en tanto que eleva el nivel de circulación de personas y la vigilancia en barrios con relativamente altos niveles de delito”, concluyó.

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