Mercosur-UE, el acuerdo más allá del Amazonas

Pese a las diferencias que existen entre Brasil y Francia, destacan que la iniciativa sigue en marcha y que podría representar una oportunidad para la región, aunque aclaran que no se trata de “un remedio mágico” ¿Cuál será el impacto sobre la industria y el agro?

Luego de que el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur fuera cuestionado por el Gobierno francés, tras los incendios provocados recientemente en el Amazonas, especialistas de la UBA analizaron las perspectivas que existen hacia delante y cómo se posicionaría la Argentina en las próximas décadas si la iniciativa logra avanzar.

Desde la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, el docente Ricardo Carciofi reconoció que las tensiones recientes representan una dificultad en la relación entre ambos bloques pero que no implica necesariamente la detención del proceso en torno del acuerdo. En este sentido, señaló antes de poder aplicarse deberá ser refrendado por los países miembro de ambos bloques.

“Es cierto que existe una tensión y hay rispideces entre los mandatarios de Francia y Brasil, pero el acuerdo no quedó desactivado”, sostuvo Carciofi , quien también es investigador del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP UBA-CONICET), y agregó: “En esta materia específica, el problema de fondo se vincula con el Acuerdo del París, en relación al compromiso que existe de parte de los firmantes a adoptar políticas de adaptación y mitigación frente al cambio climático. En ese contexto, corresponde ubicar la deforestación de la reserva amazónica y cómo gestionar su conservación, una cuestión de larga data pero que se viene agravando”.

“Este tipo de acuerdos supone crear condiciones para una mayor producción y empleo. El comercio debe ser una herramienta para el desarrollo”, indicó Carciofi.

El acuerdo Mercosur-UE está en sintonía con políticas medioambientales que se plasman en el entendimiento de París, de alcance global. “Como es sabido, las declaraciones y posiciones que ha exhibido el nuevo gobierno de Brasil no contribuyen a esos consensos. Por otra parte, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, se enfrenta a la opinión pública en su país, debido al impacto que el compromiso generaría en su sector agrícola, precisamente, en donde la apertura hacia el Mercosur podría tener mayor impacto. De ahí que el gobierno francés se enfrenta a una doble tensión: la que proviene de los reclamos de sus agricultores y los compromisos medioambientales”, afirmó.

“Más allá de estos aspectos, el pilar comercial del acuerdo se definirá en el parlamento europeo, no ya en el francés o en el de cualquier otro país individualmente considerado”, aclaró Carciofi, y explicó que para entrar en vigencia el acuerdo deberá atravesar un proceso que podría demandar al menos dos años. Durante este tiempo será sometido al debate en el parlamento europeo, por un lado, y en los parlamentos de cada uno los países del Mercosur, por el otro, para evaluar la aprobación del texto legal.

“Hay que tener en cuenta que el tratado tiene una parte comercial y otra de cooperación y diálogo político. La primera parte la aprueba el parlamento europeo. La segunda deber ir, además, a los parlamentos de los países. En el Mercosur no existe ese desdoblamiento; lo aprueba cada uno de los países”, detalló, e indicó que, “en su última reunión, los países del Mercosur acordaron que conforme cada país lo aprueba, el tratado entra en vigencia para ese país”.

Más y menos beneficiados

Según Carciofi, el acuerdo representa una oportunidad para los intereses del Mercosur porque ofrece certidumbre y la posibilidad de penetrar al bloque Europeo, y eventualmente puede atraer un inversión directa, que el economista considera necesaria. “Hoy no tenemos ningún socio de ese tamaño. Contamos con muy pocos acuerdos comerciales vigentes con otros países, como Israel, Egipto, Perú, Bolivia y Chile. Recientemente también arribamos a un acuerdo con la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA, por sus siglas en inglés), integrada por los países nórdicos. Pero la UE representa un 22% del PBI mundial y el EFTA es apenas el 1,4. También estamos negociando con Canadá, Singapur y Corea del Sur, aunque entre esos países sólo suman la quinta parte de la UE”.

“El problema de fondo se vincula con el Acuerdo del París, en relación al compromiso que existe de parte de los firmantes a adoptar políticas de adaptación y mitigación frente al cambio climático”

El economista de la UBA también advirtió que casi todos los países de la región, como Chile, Colombia y Perú, así como los de Centroamérica y el Caribe, ya alcanzaron acuerdos con la Unión Europea. “El Mercosur se venía quedando retrasado en la materia”, sostuvo.

Con respecto a los eventuales beneficios del acuerdo, Carciofi consideró que si bien representa una oportunidad, “no es una suerte de remedio mágico. Hay que prepararse, trabajar y tener consistencia”. Se espera que uno de los sectores más beneficiados sea la agroindustria, que en la Argentina equivale al 65% de las exportaciones. También se esperan oportunidades para el área de los servicios y se prevé que, una vez que se ponga en marcha, la región reciba un flujo de inversión extranjera directa. “Es importante no perder de vista el objetivo: este tipo de acuerdos supone crear condiciones para una mayor producción y empleo. El comercio debe ser una herramienta para el desarrollo”, indicó.

El acuerdo también le exige bajar aranceles al Mercosur en algunos sectores de la industria que hoy están protegidos. En particular podría haber un impacto sobre el complejo automotriz – terminales y autopartes, que no sería repentino porque se prevé un plazo de 15 años para que los aranceles se vayan reduciendo gradualmente y que se puedan adoptar cambios. “Además, a diferencia lo que sucede con la agroindustria, donde los países del Mercosur son exportadores netos, en el caso automotriz tenemos un mercado regional: exportamos principalmente a Brasil, no al resto del mundo”, dijo el economista.

“Más preocupante que la reducción arancelaria, que tiene un cronograma cierto y de largo plazo, son todos los temas asociados a la macroeconomía, a las severas restricciones fiscales que enfrenta Argentina y la volatilidad que tenemos en el tipo de cambio real, entre otras. Por eso existe la necesidad de ir desarrollando programas de reconversión orientados al mediano y largo plazo. Es un trabajo conjunto entre el Estado y el sector privado, con políticas públicas sostenidas que vayan tendiendo en claro hacia dónde vamos. Los otros países del Mercosur también se van a mover, así que de alguna manera estamos cooperando y a la vez compitiendo con ellos”, finalizó.

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