Medio ambiente: la solución es tecnológica

Ante el avance de los desastres naturales, producto de la emisión de gases de efecto invernadero, la pregunta es cómo cambiar la matriz energética para evitar la contaminación sin que esto redunde en pérdidas económicas. Y todos los caminos conducen a cambios tecnológicos, aunque, como siempre en estos casos, lo fundamental es su correcta implementación.

Los efectos del cambio climático no dejan de generar noticias poco alentadoras. Incendios forestales, inundaciones, tormentas devastadoras, récords de altas y bajas temperaturas, etc. Y la economía política, es una especialidad más que tiene mucho para aportar al respecto.

Para saber la opinión de una especialista en la materia recurrimos a Martina Chidiak, economista y docente de la materia Economía Ambiental en la Facultad de Ciencias Económicas quien, para comenzar, define a grandes rasgos las principales causas y consecuencias del calentamiento global: “Por un lado, hay evidencia de los impactos que está teniendo y va a tener el cambio climático, como lo son las olas de calor, que implican sequías, pérdidas para la agricultura y también problemas de salud, porque las poblaciones más vulnerables son las más afectadas por estos fenómenos, ya que se producen episodios de alta mortalidad de gente mayor. Estas series de olas de calor incluyeron, en este año, el mes de junio más caluroso registrado en la historia”.

“Por otro lado, se producen grandes aumentos en los niveles de los mares. Y este año también hubo otro récord negativo, como lo fue el mayor derretimiento record de hielo en Groenlandia. Esto genera más sequía en los bosques, lo cual redunda en más incendios forestales, que son los que generan un mayor efecto invernadero”, comentó la investigadora en el programa radial Partida Doble, por Radio UBA.

Ante este presente para nada ideal, la pregunta que deriva es qué se está haciendo de cara al futuro para enfrentar esta problemática. Y la respuesta tampoco es muy alentadora. “En 2015 se firmó el Acuerdo de París, con un récord de países participantes que se comprometieron, como mínimo, a no llegar a un aumento de temperaturas mayor a 2°C para el año 2100. La meta de máxima era descender esas temperaturas 1,5 °C. Sin embargo, hoy las proyecciones indican que vamos a tener un aumento de entre 3,5 y 5 °C para dicho año. Bastante lejos de lo que se habían propuesto”.

“Lo positivo del Acuerdo de París, a diferencia de otros acuerdos, es que cada país decidió en qué podía comprometerse para reducir la emisión de gases de efecto invernadero, sin que hubiera un órgano supranacional que los vigilara. Y lo negativo es que hubo países que presentaron metas que no son muy ambiciosas y tampoco hay ningún tipo de penalidad en estos casos, porque son metas voluntarias. De hecho, los Estados Unidos se fueron del acuerdo y hay muchos países que están mirando de reojo esa posibilidad”, anticipa Chidiak.

“Creo que la pelea contra el cambio climático viene por el lado del cambio tecnológico. De hecho, una opción que se barajó en los últimos años es que, en lugar de bajar metas de emisiones, lo que habría que negociar son metas de tecnología”.

Este comportamiento de los Estados Unidos, el segundo país con mayores niveles de emisión de gases efecto invernadero, después de China, es mirado con recelo tanto por otros países como por grandes sectores de su propia población. “La sociedad científica de los Estados Unidos y diversas ONG’s están muy movilizadas en este sentido. Además, los Estados Unidos ya tienen efectos desastrosos por el cambio climático. Pero hay una tendencia desde el poder político de negar la evidencia científica y esconder la cabeza como el avestruz, lo cual solo prende en ciertos círculos. Pero en el mundo académico, en la prensa, así como en la gente con mayores niveles de educación, ese discurso no tiene asidero”, afirma la docente.

Por otra parte, hay una cuestión generacional que es transversal a los diferentes países. “Sin dudas que el tema generacional juega un papel importante, y hoy está visualizado en el liderazgo de la joven sueca Greta Thunberg. Porque hay una especie de contrato implícito de largo plazo, entre las generaciones jóvenes y las generaciones mayores. Los más jóvenes reclaman que los mayores hagan bien su parte del asunto, para que ellos puedan tomar la posta en el futuro”.

Una vez más, es la economía…

Más allá del análisis situacional, hay una cuestión de fondo que subyace todo el tiempo y tiene que ver con una pregunta fundacional en la materia. ¿Hasta dónde es posible el crecimiento económico a la vez que el freno a la emisión de gases de efecto invernadero?

“Hoy se puede tener energía sin sumar gases de efecto invernadero a la atmósfera. Lo que pasa es que hay que hacer una selección de cuáles son las prioridades y las selecciones, y tener en cuenta cuáles son los costos y beneficios de las diferentes opciones de generar energía con transparencia”, afirma Martina Chidiak.

“En 2015 se firmó el Acuerdo de París, con un récord de países participantes que se comprometieron, como mínimo, a no llegar a un aumento de temperaturas mayor a 2°C para el año 2100. La meta de máxima era descender esas temperaturas 1,5 °C. Sin embargo, hoy las proyecciones indican que vamos a tener un aumento de entre 3,5 y 5 °C para dicho año”.

Y se explaya: “Creo que la pelea contra el cambio climático viene por el lado del cambio tecnológico. De hecho, una opción que se barajó en los últimos años es que, en lugar de bajar metas de emisiones, lo que habría que negociar son metas de tecnología. Sin embargo, más allá del cambio tecnológico, también es importante ver quién aplica ese cambio, a qué escala, a qué costo y qué incentivos tiene para hacerlo. Lo que está fallando en este sentido es el cambio en las decisiones de comportamiento, de las decisiones de consumo. Porque, por ejemplo, se pone un impuesto al carbono, pero el mismo es mínimo y solo se aplica en muy pocos productos. Entonces las señales no son muy claras ni visibles, e incluso hasta llegan a ser contradictorias, porque hay veces que hasta se subsidia el precio del combustible”.

En lo que respecta a la economía de nuestro país, “hay estimaciones hechas en la FCE que hablan de números de pérdidas muy importantes en el campo argentino. Se estima que las últimas inundaciones dieron una pérdida de 1500 millones de dólares y las sequías unos 3500 millones de dólares en los cultivos principales. Y también hay un impacto en la salud muy importante, porque el aumento de las temperaturas en las zonas urbanas es muy fuerte. Y después hay consecuencias muy graves también, pero más regionales, como lo son la falta de agua en Cuyo o las olas de calor en el Norte. En la Argentina hay regiones en las que la temperatura aumentó un grado con respecto a la temperatura histórica”, destaca la investigadora.

“Si se plantean incentivos para las energías renovables, pero por otro lado se fomenta la inversión en Vaca Muerta, hay un conflicto y un corrimiento acerca de hacia dónde queremos ir”, sostiene Chidiak. Y ejemplifica: “El mantenimiento de la estructura para las tecnologías renovables es muy bajo. Pero la inversión inicial es alta, y con problemas de financiamiento, esto no es algo sencillo de resolver. Hasta marzo de este año se habían aprobado 147 proyectos de este tipo, pero muchos no se pusieron en marcha por este problema del financiamiento. En cambio, Vaca Muerta tuvo muchos incentivos, porque no iba a ser rentable al principio, pero ahora está siendo muy rentable y están viendo cómo hacen para frenar todos los incentivos que habían ofrecido. Además, nuestra matriz energética es muy dependiente de los fósiles y sería bueno poder diversificarla”.

Si bien a largo plazo no habrá nadie que salga beneficiado si se continúa por esta senda, hoy, en términos económicos, la situación parece favorecer a unos y perjudicar a otros. “Los países más fríos vieron aumentar su temperatura, por ende, su nivel agrícola y eso redundó en un mayor PBI. En cambio, en el caso de los países tropicales, el aumento de la temperatura les juega en contra. Por eso, se supone que Canadá, por ejemplo, va a pasar a ser el granero del mundo. Como contrapartida, va a haber una gran cantidad de población en países que van a estar al rojo vivo y que no van a tener capacidad de producir alimentos”, detalla Martina una de las tantas consecuencias que se avecinan.

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