Litio: oportunidades más allá de la fabricación de baterías

Investigadores del CONICET, la UBA y la UNSAM destacan otras alternativas de desarrollo que van más allá de la industrialización, que podrían otorgar mayores ventajas al país en el desarrollo de recursos humanos, procesos y servicios.

“¿Podemos aprovechar el litio para generar capacidades y emprendimientos productivo-tecnológicos en las provincias donde se extrae este recurso, de manera que cuando se agote haya quedado algo trasformador?”, se preguntó López

En los últimos años la explotación de litio despertó gran interés en la Argentina, que junto con Chile y Bolivia poseen las principales reservas mundiales del metal. Las principales expectativas se generaron en la fabricación de baterías para la industria automotriz. No obstante, un grupo de investigadores de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y del CONICET señalaron la necesidad de contemplar otras oportunidades entorno a la explotación del recurso, que hasta hoy fueron poco exploradas.

“Generalmente se evalúan las oportunidades que existen para transformar al litio aguas abajo, sobre todo a partir de la fabricación de baterías utilizadas por la industria de la electromovilidad. Esta es la visión tradicional. Nosotros pensamos que implica una serie de riesgos por varios motivos”, dijo Martín Obaya, investigador del CONICET y del Centro de Investigaciones para la Transformación (CENIT), de la UNSAM.

Al respecto, advirtió que “se trata de un producto cuya producción se concentra mayormente en países asiáticos. Los volúmenes de producción son muy elevados y prevalece una competencia por precios de la que sería difícil participar sin controlar la tecnología de producción a escala. Los niveles de rentabilidad no son muy elevados. Finalmente, en el segmento automotriz, la batería forma parte de una cadena de valor controlada por las automotrices. No se podrían producir baterías sin acuerdos previos con las automotrices”.

“Como alternativa, consideramos que existen oportunidades de eslabonamientos y aprendizaje tecnológico en actividades aguas arriba. Es decir, no evaluamos cómo transformar el carbonato de litio en un producto dentro del país, sino cómo desarrollar procesos o recursos humanos que sean capaces de volver más eficiente la explotación y la obtención del recurso, y que eventualmente el país se pueda convertir en un actor relevante a nivel mundial en esta materia”, indicó.

“Australia es un gran productor de cobre y oro, entre otros minerales, y Noruega de petróleo, pero estos países casi no exportan productos procesados en base a esos recursos, sino software para la explotación petrolífera y minera, equipamiento y servicios”, ejemplificó Andrés López, investigador de Económicas de la UBA y del Instituto Interdisciplinario de Economía Política de Buenos Aires (IIEP-Baires), que pertenece a la Universidad de Buenos Aires y al CONICET.

Junto con Paulo Pascuini y Adrián Ramos, quienes también son investigadores del IIEP-Baires, Obaya y López presentaron un estudio, encargado por la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva y el Banco Interamericano de Desarrollo, en distintas reuniones con representantes de la cadena, desde funcionarios públicos hasta empresarios, donde proponen un punto de vista diferente sobre las oportunidades del litio. La presentación ya habría despertado el interés de distintos actores.

“¿Podemos aprovechar el litio para generar capacidades y emprendimientos productivo-tecnológicos en las provincias donde se extrae este recurso, de manera que cuando se agote haya quedado algo trasformador?”, se preguntó López, para quien es posible generar, en este contexto, condiciones para equipar a las universidades, capacitar a investigadores, entre ellos a geólogos, para que basados en su experiencia adquirida con el litio puedan contribuir en la explotación de otros recursos en el futuro. La propuesta también involucra el apoyo a emprendedores, el desarrollo de tecnologías e incluso incentivos a proyectos vinculados con el management y el marketing, entre otros aspectos.

“Salvando las distancias, la Argentina podría aspirar a recorrer un camino similar con el litio al que transitaron países como Australia, Canadá y Noruega, que han sabido desarrollar una industria para la explotación de determinados recursos naturales”, aseguró Obaya. 

Oportunidades

Los investigadores advirtieron que el interés por el litio podría disminuir en las próximas décadas. En este sentido, sostuvieron que hoy ya se están desarrollando tecnologías alternativas para las baterías. Esta situación refuerza la idea de promover la creación de capacidades en las etapas aguas arriba de la cadena.

Por ejemplo, según López, “para hacer una explotación más eficiente de litio es valioso estar presente en el mismo salar. No se puede hacer desde China o Corea. O sea que los procesos sí se encuentran en nuestro país y, desde este lugar, tenemos una ventaja por la posición del recurso, no por la posibilidad de fabricar baterías”.

“Generalmente se evalúan las oportunidades para transformar al litio aguas abajo, a partir de la fabricación de baterías utilizadas por la industria de la electromovilidad. Pensamos que implica una serie de riesgos por varios motivos”, dijo Obaya

“Nuestro mensaje es: atraídos por el boom del litio, intentemos desarrollar recursos de distinta naturaleza que puedan generar una proyección internacional. Es deseable que en los próximos años este recurso continúe generando interés. Pero si en un momento se termina, podríamos haber generado capacidades y, en el futuro, contar con recursos en los ámbito de Ciencia y Técnica y de las empresas, que podrían trasladarse a otras industrias y permitir explotar otro tipo de recursos”, dijo Obaya.

“Las empresas aún están aprendiendo a explotar el litio, porque si bien son procesos conocidos, requieren ajustes en lugares específicos. Entonces hay mucho para hacer, porque cada salar es distinto. Podemos optimizar los procesos y proveer servicios a empresas que tienen explotaciones en otros salares, por ejemplo”, añadió López.

“Algunos de esos servicios que proponemos son elementales, aunque importantes para las comunidades que rodean a los salares (incluso podrían ayudar a que los habitantes de estas localidades se integren a la economía formal), como catering, transporte y reparación de la maquinaria. En el otro extremo se ubican servicios complejos para realizar exploraciones con GPS y modelado de datos, así como servicios de conocimiento vinculados a la ingeniería y a la geología”, consideró el investigador de la UBA.

En esta línea, ambos coincidieron en que, hasta hoy, este tipo de desarrollos sólo se están realizando en la provincia de Jujuy, donde se creó un Instituto del Litio, dependiente del CONICET de la Universidad Nacional de Jujuy y de gobierno provincial, para avanzar en la investigación y el desarrollo de tecnologías de extracción, entre otros aspectos que también contemplan la fabricación de baterías.

“En este instituto están investigando, por ejemplo, cómo aprovechar el agua que se evapora y generar biogás a partir de las aguas residuales de los campamentos. También colabora con un desarrollo liderado por el profesor Ernesto Calvo, de la Universidad de Buenos Aires, para la extracción de litio mediante un proceso electroquímico, alternativo al de las fosas de evaporación, que reduciría a horas el proceso para obtener carbonato de litio”, explicó Obaya.

Ni Arabia Saudita ni oro blanco

¿Qué beneficios aporta el litio al país? “Desde el punto de vista fiscal aporta 3% de regalías a las provincias, además de otros impuestos como IVA y Ganancias, aunque atenuados por los beneficios del código minero. Por otra parte, se calcula que cada salar emplea a unos 300 trabajores (200 directos y 100 indirectos). Además, en 2018 las exportaciones de litio representaron el 7% de las ventas al exterior de minería metálica, con lo cual equivale al 0,5 de las exportaciones totales”, detallaron los investigadores.

“Esto significa que aún cuando el litio crezca, en términos de exportaciones, empleo e impuestos, no va a modificar la matriz productiva del país ni a revertir el déficit de comercio exterior, aunque sí puede contribuir a las provincias. En Jujuy, por ejemplo, en 2016 las exportaciones de litio representaron el 16% de las exportaciones de la provincia”, señaló Obaya.

“Hoy la Argentina hoy es el tercer productor mundial de litio. Tiene potencial para ser el primero o el segundo. Pero en comparación con otros minerales metálicos (aún en un país como el nuestro, que no es minero), se trata de un mercado menor. Nunca va a existir un país litífero como existe uno petrolero (donde el 95% de las exportaciones del país están vinculadas con el petróleo). Por eso la Argentina no es la Arabia Saudita del litio, ni este recurso es el oro blanco”, concluyó López.

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