La responsabilidad social llega a las universidades

Este concepto, adoptado hace ya varias décadas por muchas empresas, está desembarcando en las instituciones académicas de América latina, con una mirada ética sobre la gestión, la educación y la investigación.

La Responsabilidad Social Empresaria (RSE) es un concepto conocido desde hace, al menos, 50 años. Ahora, un grupo de académicos buscar llevarlo al ámbito de las universidades, como una herramienta para mejorar la gestión, en términos éticos, y generar iniciativas que vayan más allá de los programas de extensión, integrando a la educación y la investigación.

Sobre estos temas se refirió el investigador de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, Julián D’Angelo, durante la presentación de su libro “Responsabilidad social y universidad. Agenda Latinoamericana”, editado por la Universidad Autónoma de México (UNAM) para la Asociación Latinoamericana de Facultades de Contaduría y Administración (ALAFEC). La publicación reúne los conceptos más avanzados en gestión sustentable, RSE y ética en las organizaciones, con especial aplicación a la gestión universitaria.

En los últimos años se ha generado una mirada diferente hacia adentro de la universidad, sobre cómo se gestiona a sí misma y sobre cómo se ejercen la docencia, la investigación y la extensión en términos de responsabilidad social, dijo D’Angelo.

“La primera parte del libro aborda conceptos de responsabilidad social, sustentabilidad y ética aplicados a cualquier tipo de orientación. Luego hago una aplicación específica analizando tipologías organizacionales (gran empresa, pyme, sindicato, instituciones de educación superior, organizaciones sociales y sector público). La segunda parte del libro es la aplicación a la universidad”, resumió D’Angelo, quien también es docente de la materia Prácticas para la Inclusión Social de Económicas de la UBA y que a partir de ahora integrará un comité de ALAFEC junto a otros docentes de Ecuador, Honduras y Panamá, entre otros países, para trabajar en la creación de un distintivo de responsabilidad social universitario para todas las facultades de Contaduría y Administración de América latina.

¿Cómo se adapta este modelo a la universidad? “El modelo de responsabilidad social plantea una gestión basada en valores, así como la medición de impactos en el ambiente y en la sociedad. Estas cuestiones son inherentes a toda organización. No obstante la universidad tiene dos responsabilidades adicionales que la diferencian, por su potestad exclusiva de otorgar títulos profesionales y por su rol fundamental en el ámbito de la investigación”, dijo, y explicó que, en este sentido, en los últimos años se ha generado una mirada diferente hacia adentro de la universidad, sobre cómo se gestiona a sí misma y sobre cómo se ejercen la docencia, la investigación y la extensión en términos de responsabilidad social.

“Por ejemplo en Ciencias Económicas de la UBA hablamos de los derechos laborales. Ahora, ¿el personal de la Facultad está en blanco? ¿cobra las paritarias? También hablamos del cuidado del medio ambiente ¿Y la universidad se preocupa por ahorrar energía, agua o luz, o por el reciclado? Hay una mirada que parte del autodiagnóstico de la propia universidad. En este sentido, el modelo de la responsabilidad social es muy valioso porque la ayuda a prepararse para los desafíos del siglo XXI, que es un mundo diferente al que la academia conoce desde hace cientos de años”, detalló.

La responsabilidad social universitaria es un término reciente, en comparación con su aplicación en el ámbito empresarial. A comienzos de la década de 1990, el gurú del management Peter Drucker planteó que el concepto había logrado una madurez importante en las empresas y que muy pronto iba a llegar a ser un tema común en todas las organizaciones.

“Druker acertó. En 2010 se creó la primera norma ISO (la 26000) en materia de responsabilidad social, con la participación activa de las universidades. Además en el pacto global de las Naciones Unidas, las escuelas de negocios tienen un capítulo propio con los principios de responsabilidad en Administración, con la convicción de que quienes conducen las empresas son graduados universitarios”, ejemplificó D’Angelo.

Experiencias locales

En el ámbito de la UBA, D’Angelo destacó el proceso de aprendizaje – servicio realizado en ámbito de la Cátedra de Honor Bernardo Kliksberg. “Se trata de una técnica que tiene sus orígenes en el pedagogo norteamericano John Dewey, vinculada con una mirada social de la universidad. Se busca involucrar a los estudiantes con la sociedad, que la enseñanza atraviese el aula y que el conocimiento tenga una relación directa con la realidad y las necesidades que nos rodean”, explicó el docente.

Junto a D’Angelo, participaron de la presentación del libro Ricardo Pahlen Acuña, decano de la FCE-UBA; Victoria Morales Gorleri, directora nacional de Responsabilidad Social para el Desarrollo Sostenible de la Nación; Claudio Moreno, jefe de RSE de TGN; María Eugenia Testa, directora ejecutiva del Círculo de Políticas Ambientales, y Sergio Elguezábal, periodista y ambientalista.

Al respecto, mencionó que si bien la mayor cantidad de experiencias cercanas a la responsabilidad social tradicionalmente se llevaron a cabo en el marco de los programas de extensión, hoy también existen ejemplos vinculados con el área académica y con la investigación. En este sentido, destacó la asignatura Prácticas para la Inclusión Social, de Económicas de la UBA, y el Seminario Interdisciplinario para la Urgencia Social (SIUS), de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA, donde participan alumnos avanzados que promueven proyectos de Arquitectura y Diseño para organizaciones sociales.

El programa Amartya Sen también fue una clara experiencia de responsabilidad social universitaria a nivel nacional, que entre 2009 y 2018 formó, con una mirada ética, a estudiantes avanzados de todas las facultades de ciencias económicas del país.

Otras universidades

D’Angelo afirmó que desde hace varios años las escuelas de negocios de Estados Unidos tienen esta preocupación y reflexionan sobre cómo se están formando los próximos dirigentes empresariales. En América latina también surgieron iniciativas valiosas: En Chile, por ejemplo, existió una experiencia fundacional que se llamó Universidad construye país, creada en 2001 por 11 universidades. En Perú, el investigador Francois Vallaeys fundó la Unión de Responsabilidad Social Universitaria de América Latina (URSULA). En México hay muchos casos en la UNAM y en otras instituciones públicas como la Universidad Autónoma de Chihuahua, la Universidad Juárez del Estado de Durango y la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. ALAFEC también representa otro ejemplo para toda la región.

D’Angelo se refirió a algunos casos de buenas prácticas de instituciones privadas de República Dominicana, Perú y Colombia. En Perú, destacó el caso de la Universidad Cesar Vallejos. “Es una institución muy joven (tiene menos de 30 años), con un formato que en la Argentina no existe, porque se trata de una universidad empresarial. Desde el sector privado logró incluir a un gran número de estudiantes muy humildes, quizás primera generación de universitarios, con una política de becas muy activa y con una presencia territorial muy interesante”. Otro ejemplo es el de la Universidad Católica Tecnológica del Cibao, de República Dominicana, que también está dirigida a los sectores más populares.

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