La economía que viene

Los desafíos del próximo gobierno en materia económica son muchos. Algunos requieren de mayor urgencia que otros, pero la cantidad de flancos abiertos hacen que se deba avanzar en diferentes aspectos en forma simultánea. En esta entrevista, Osvaldo Kacef analiza en profundidad las diferentes variables de este complejo entramado.

Renegociación de deuda, valor del dólar, tasa de interés, inflación, crecimiento, tarifas… las variables que deberá manejar el próximo gobierno para afrontar el actual escenario de crisis parecen no tener fin. Y el abanico de posibilidades en la toma decisiones es, además de extenso, muy sensible.

Para analizar el actual escenario recurrimos a la voz autorizada de Osvaldo Kacef, cuyo currículum incluye ser profesor en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, investigador del Instituto Interdisciplinario de Economía Política de Buenos Aires (IIEP) y haber sido director del INDEC y de la División de Desarrollo Económico de la CEPAL, entre otros cargos. “El escenario actual es muy delicado y creo que, en esta coyuntura, la renegociación de la deuda y el nuevo marco tarifario van a ser dos de las prioridades a tener en cuenta para la economía que viene”, sostiene, a modo de adelanto.

“El escenario actual es muy delicado y creo que, en esta coyuntura, la renegociación de la deuda y el nuevo marco tarifario van a ser dos de las prioridades”, dijo Kacef

“El mejor escenario posible en materia de renegociación de la deuda sería que lleguemos a un acuerdo con el FMI que nos exija la menor cantidad de demandas posibles, que las mismas sean cumplibles y que nos acompañen para encarar una reestructuración de la deuda”, explica Kacef, y agrega: “La propuesta que maneja el actual ministro de economía, Martín Guzmán, de no pagar deuda ni intereses por los próximos tres años, es interesante. El año próximo la Argentina no tiene que pagarle mucho al Fondo Monetario, pero tiene vencimientos muy grandes en el 2021 y 2022, por más de 20 mil millones de dólares por año. Y eso lo tiene que reprogramar con el acuerdo del Fondo”.

En este sentido, a la hora avizorar diferentes escenarios, parece haberlos malos y peores: “Puede que, para llegar a buen puerto en la negociación, el Fondo pida pasar del acuerdo stand by en el que estamos hoy, a un acuerdo de facilidades extendidas, que es otro tipo de acuerdo, y es el que suele aplicar el Fondo para la reprogramación de los stand by. Ahora, este acuerdo suele tener como condicionalidad, no solo las cuestiones macroeconómicas que solicita el FMI normalmente, sino que también se mete con reformas estructurales, como pueden llegar ser, por ejemplo, reformas previsional y laboral. Por eso, es una negociación compleja la que hay que encarar con el FMI”, adelanta Kacef.

Sin embargo, el docente sostiene que, el hecho de estar tan endeudados con el FMI tiene su obvia desventaja, pero también tiene su costado positivo: “Más allá de la gran deuda y la necesidad de negociar, la Argentina tiene a su favor el hecho de que el FMI tiene una exposición muy alta en la Argentina, entonces también va a estar interesado en llegar a un acuerdo que garantice que nuestro país cumpla con sus compromisos. En cambio, con los tenedores de bonos habrá que renegociar una extensión en el plazo y, seguramente, una quita. Y creo que esta es, también, la posición del Fondo Monetario, que es el acreedor privilegiado. Eso siempre es así”.

En cuanto a las tarifas, si bien Alberto Fernández anunció que las mismas permanecerán congeladas, allí el investigador advierte que “el desafío para el nuevo presidente es cómo recuperar el nuevo atraso tarifario. Creo que no debería cometer el error que cometió el gobierno anterior, de actualizarlas en forma abrupta. La actualización debería ser en forma gradual y acordada previamente. Pero tarde o temprano deberá llevarse a cabo, si no se estaría generando otro problema que, cuanto más se demore en atenderlo, mayor va a ser el desequilibrio que se acumule y, por ende, más difícil la posterior corrección”.

“La propuesta que maneja el actual ministro de economía, Martín Guzmán, de no pagar deuda ni intereses por los próximos tres años, es interesante”, consideró Kacef.

Otra variable a la que hay que seguir de cerca en los próximos meses es la tasa de interés, la cual, según los especialistas coinciden, hoy está demasiado alta. “La tasa de interés no se puede bajar en forma muy drástica. Hoy tenemos una tasa alta, pero el descenso debería ser gradual. Si el gobierno logra llegar a un acuerdo de precios y salarios que consiga eliminar el componente inercial, dentro del marco de una política fiscal más o menos austera, y con un programa monetario ordenado, es probable que se consiga bajar la tasa de inflación. En ese contexto, las tasas actuales son exageradamente altas”, aclara Kacef.

“En general, los movimientos de las variables importantes tienen que ser graduales, si no, una caída muy drástica en la tasa de interés podría generar una huida de los activos en pesos en un contexto en el que la demanda de dinero no es muy alta. SI se logra bajar, aunque sea levemente la inflación, la tasa de interés también debería bajar gradualmente, acompañando el ritmo de la inflación y ambas deberían converger en un nivel razonable. Caso contrario, si las tasas bajan muy bruscamente, es muy probable que eso genere inestabilidad, y por más bajas que sean las tasas, nadie va a demandar un crédito en un contexto de inestabilidad y de alta volatilidad. Por eso, hay que lograr que empiece a haber demanda, que comience a haber crecimiento y que el crédito pueda apoyar ese crecimiento a un costo razonable”, analiza el profesor de Económicas.

El dólar, siempre el dólar…

En la Argentina hay una relación muy fuerte entre lo que pasa en el mercado de cambios y los vaivenes de la inflación. Y Osvaldo Kacef cree que “va a llevar unos cuantos años de estabilidad cambiar esa lógica”. Sobre todo, porque “esta relación tan intensa entre tipo de cambio y precios es una particularidad de la economía de nuestro país. Y son varias las razones por las que sucede este fenómeno. Una de ellas es que, como la Argentina exporta básicamente alimentos, cuando el tipo de cambio sube, también suben los alimentos y eso tiende a trasladarse a los salarios y a los precios en general”.

Por otro lado, el analista agrega como dato sobresaliente que “en la Argentina, como en ningún otro país, el tipo de cambio es una referencia para la formación de precios, sobre todo en momentos de mucha inflación, porque la gente ya aprendió que el traslado del tipo de cambio a precios suele ser significativo, entonces, cuando este aumento es grande y sucede en forma brusca, hay una tendencia a mirar lo que sucede con el tipo de cambio para fijar los precios. Tantos años de inestabilidad y de confiscaciones en el sistema financiero han generado una cultura de mirar al tipo de cambio como el último resguardo del ahorro, de la riqueza, de los ingresos”.

Ante esta complejidad tan auténticamente vernácula, cabe preguntarse cuál es la solución. “Es necesario alcanzar un sendero de estabilidad y sostenerlo, porque eso es lo que va a ayudar a que la gente deje de pensar en el dólar como referencia para fijar sus precios. En los últimos años doblegamos el problema de la inflación, pero después no fuimos exitosos en sostener esa estabilidad, eso hace que volvamos en forma recurrente a escenarios de inestabilidad. Otra cuestión necesaria sería poder desarrollar un buen sistema financiero, el cual debería poder ofrecer instrumentos que permitiesen resguardar mejor los ahorros y que esto hiciera que la gente pensara en activos financieros en pesos, porque los encontraría atractivos”.

Además de la solución económica hay un componente cultural que no es nada despreciable en este mismo sentido. “Hay que volver a recrear la confianza de la gente en el sistema financiero. Siempre que hay un escenario fuerte de incertidumbre, lo primero que hace la gente es empezar a retirar los depósitos del sistema financiero porque tienen miedo. Si tienen dólares, de que se los conviertan en pesos, y si los tienen en pesos, de que no se los devuelvan. Generar el daño es relativamente fácil, pero repararlo lleva mucho tiempo”, sostiene.

Sin embargo, más allá del escenario ideal, lo concreto es que hoy existe un cepo que establece un máximo de compra de doscientos dólares por persona, por mes. “El control de cambios que se armó inicialmente, para mi gusto, era demasiado laxo. La posibilidad de comprar 10 mil dólares diarios era excesiva y eso se debió haber ajustado antes. Hacia adelante, hay que tener en cuenta que la Argentina tiene muy pocas reservas y tiene el acceso a los mercados de créditos cerrado. En una situación así, el control de cambios es inevitable y se va a tener que mantener mientras el Banco Central no recomponga el nivel de reservas. Esto, por supuesto que genera problemas, pero lo peor sería quedarnos sin reservas teniendo que enfrentar una serie de vencimientos todos los meses”, hace la comparación el investigador.

Ahora, ¿es de esperar que en algún momento el dólar paralelo se dispare ante una fuerte demanda hoy inexistente? “Puede ser que la demanda de dólares se va oriente en algún momento hacia el mercado de cambios ilegal y puede que eso haga subir la cotización. Eso dependerá de los equilibrios monetarios y financieros, de la tasa de interés, de la oferta de dinero, de la actividad de la economía… Si la economía se estabiliza y vuelve a crecer y la gente vuelve a confiar, eso recrearía condiciones para que aumente la demanda de dinero y no necesariamente tendría que haber una gran demanda de dólares en el mercado paralelo”, responde Kacef.

-¿Y ese crecimiento lo ve posible en el corto plazo?

-Si la Argentina logra destrabar la cuestión de la deuda externa, tanto con el Fondo como con los acreedores privados, creo que eso puede dar lugar a un fortalecimiento de la confianza y, a partir de allí, a un crecimiento de la economía. Ahora, en cuánto tiempo, no sabría decirlo. Si el gobierno es exitoso en su estrategia antiinflacionaria el próximo año, puede dar lugar a un aumento del salario real y a un cierto aumento del consumo durante el 2020. Nada muy importante, porque no hay margen para que eso suceda, pero algo puede haber. Lo que pasa es que este año termina tan mal, que hay un arrastre estadístico negativo muy grande del 2019 para el 2020. Entonces, aunque pueda haber un crecimiento de diciembre a diciembre, en el promedio anual eso casi no se va a notar. Con viento a favor, esto recién lo percibiríamos a partir del 2021.

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