“La contaminación ambiental post pandemia puede ser peor a la que había antes del coronavirus”

El especialista en Responsabilidad Social Empresaria, Julián D’Angelo, sostiene que el impulso con el que las grandes industrias saldrán a producir una vez finalizado el confinamiento, sumado a la laxitud de controles de las principales potencias, hará que la economía sustentable sea un horizonte cada vez más lejano.

La pandemia del coronavirus trajo consigo diversas consecuencias, además de las evidentes en materia de salud. Y dos de ellas están íntimamente relacionadas, la paralización de una enorme parte de la economía mundial y la relación que esta tendrá a nivel de contaminación ambiental.

Mucho se dijo en estos meses de pandemia acerca del descanso que estaba teniendo el medio ambiente a causa del parate económico y la ilusión de que este nuevo escenario haya llegado para quedarse. Sin embargo, Julián D’Angelo, Coordinador del Centro Nacional de Responsabilidad Social Empresaria y Capital Social (CENARSECS) de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, no piensa lo mismo. “Con respecto a una toma de conciencia sobre la problemática medioambiental a la salida de la cuarentena soy un poco escéptico. Si planteáramos que la solución a los problemas ambientales pasa por cerrar las fábricas o generar desempleo no estaríamos yendo en la dirección correcta hacia un desarrollo sostenible”.

Y argumenta: “Es más, la experiencia de los últimos 100 años nos indica que, las salidas de dichas crisis, siempre son con mayor contaminación que la que había al comienzo de las mismas. Esto está medido de la Crisis del ’30 hasta el día de hoy. Ahí se puede apreciar claramente cómo cae la emisión de gases de efecto invernadero con la llegada de la crisis y, superada la misma, cómo la emisión de esos gases llega a un pico mucho mayor que el que había con anterioridad”.

“La caída de la contaminación, producto del parate económico y de la disminución de movilidad, tanto aérea como terrestre, a causa del coronavirus, ni siquiera alcanza los niveles que fijaron en el Acuerdo del Clima de París los principales países para que la economía sea sostenible”, dijo D’Angelo.

“Con el coronavirus tuvimos la caída de gases de efecto invernadero más profunda de los últimos 100 años. La crisis del 2008 al 2010 no afectó a todo el mundo de igual manera. Pegó fuerte en los Estados Unidos, Europa y a Latinoamérica llegó de manera indirecta. Por eso la caída en la contaminación de esos años no fue tan pronunciada, pero el pico que le siguió fue el más alto de toda la historia. Es decir, los antecedentes no son esperanzadores”, enfatiza D’Angelo.

Y revela un dato que refleja con la misma claridad que contundencia toda su argumentación: “Es más, la caída de la contaminación, producto del parate económico y de la disminución de movilidad, tanto aérea como terrestre, a causa del coronavirus, ni siquiera alcanza los niveles que fijaron en el Acuerdo del Clima de París los principales países para que la economía sea sostenible. Se calcula que la emisión de carbono puede disminuir en más de un 5% interanual a causa de la pandemia a nivel mundial. Pero las Naciones Unidas ya advirtieron que, a menos que las emisiones de gases de efecto invernadero caigan un 7,6 % cada año entre 2020 y 2030, no se va a cumplir con la meta del Acuerdo de París, para limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 grados Celsius”.  

El consenso, entre quienes siguen de cerca este tema pareciera ser que la pandemia llegó para embarrar la cancha, “porque termina generando efectos contrarios a los deseados a nivel de descenso de la contaminación. Por ejemplo, los Estados Unidos y China, este año emitieron sendos dictámenes en los que dejaron en claro que van a relajar los controles de emisión de gases contaminantes de sus empresas con la supuesta finalidad de favorecer la recuperación económica de sus empresas. Dejan de regular, miran para otro lado con tal de que se pongan rápidamente en marcha los motores de las industrias, por eso las consecuencias climáticas van a ser peores que previo a la pandemia”.

Cuando escucha hablar de la nueva normalidad que vendrá luego de la pandemia, Julián D’Angelo hace una aclaración insoslayable: “Creo que, más que prevalecer un escenario mejor, a partir de la concientización de la población basado en imágenes de poca contaminación en este contexto de pandemia, lo que va a suceder va a ser un desastre a nivel ambiental. Por eso los gobiernos, las empresas y el sector académico tenemos que estar muy comprometidos, para que no termine produciéndose esta profecía autocumplida. Y la nueva normalidad, de la que tanto se habla, tiene que estar construida sobre la sustentabilidad, el cuidado del ambiente, la sostenibilidad social, económica y ambiental, si no, estaríamos hablando de un regreso a la anterior normalidad”.

“La conciencia ambiental creció mucho en los últimos años y es cada vez mayor, pero los cambios aún no se ven concretados. El movimiento de los jóvenes por el clima, que encabeza Greta Thunberg, hoy está corrido del centro de la escena debido a esta crisis. Por eso digo que, de alguna manera, la pandemia ha sido contraria a la concientización ambiental. Porque hoy la gente está desesperada por producir, por tener un ingreso, por volver a socializar. Y las imágenes que se ven de animales entrando a las ciudades, no dejan de ser algo poético. Por ejemplo, en el Río de la Plata es imposible que haya vida orgánica, ni siquiera con una cuarentena de cinco lustros, porque está llena de metales pesados que hay que sacar, de químicos, que provienen de frigoríficos y del polo petroquímico Dock Sud, que hacen imposible la vida”, deja en claro el Coordinador del CENARSECS, docente e investigador de la Facultad de Económicas.

Readecuación empresarial frente al Covid-19

La llegada del Coronavirus a la Argentina trajo aparejados varios cambios en las modalidades laborales empresariales, un área que D’Angelo conoce de cerca. “Desde mediados de marzo, un poco antes de que empezara el aislamiento social, preventivo y obligatorio en la Argentina, comenzamos a elaborar un banco de buenas prácticas empresarias socialmente responsables ante la pandemia y el aislamiento, las cuales son dos situaciones diferentes. Y, a partir de ahí, empezamos a hacer un seguimiento”.

“Ahí ya recibimos algunas denuncias de empleados a empresas que, en lugar de dejar que uno de los padres pudiera quedarse con los hijos -ya que las clases se habían suspendido una semana antes- y gozara de sus haberes, les daban la licencia, pero les descontaban los haberes”, cuenta Julián, a modo de muestra de cómo opera buena parte del empresariado argentino.

Sin embargo, otras empresas sacaron a relucir su mejor cara. “En esos días se apeló mucho a la responsabilidad civil y empresarial, por eso decidimos sistematizarlo y ya sacamos dos informes al respecto. Ahí relevamos más de 300 actividades, muchas de esas corresponden a una empresa que hizo tuvo muchas iniciativas, y en otros casos hay una única actividad que nuclea a varias empresas. El relevamiento de estas buenas prácticas las tomamos de medios de comunicación, reportes corporativos, medios especializados y páginas web de las empresas”, relata.

La llegada del Coronavirus a la Argentina trajo aparejados varios cambios en las modalidades laborales empresariales. D’Angelo relevó más de 300 actividades con experiencias de buenas prácticas.

“A partir de este seguimiento, nos llamó la atención que, en la mayoría de los países, la principal actividad era la donación de dinero. En cambio, en la Argentina, hubo más actividad relacionada con donación de servicios de empresas o asociaciones civiles relacionadas con grandes corporaciones, donde se brindó logística para hospitales y medios de salud, otras cedieron predios, como el Movistar Arena o San Lorenzo, que tiene un centro de atención. También hubo empresas de comunicación o educación que abrieron sus plataformas para llegar a más gente”, desglosa D’Angelo.

Además, hace hincapié en la donación de productos que llevaron a cabo muchas firmas. “Empresas de alimentos, como pastas frescas Oralí, que es muy destacada en materia de filantropía por sostener una red de comedores comunitarios en todo el país, multiplicó sus donaciones; la cervecera Quilmes produjo y donó alcohol en gel y pan en base a sus propios insumos, que son el alcohol, la levadura y la cebada”.

En sus estudios también se destaca otro grupo que debió transformar su matriz productiva: “Son las que se dedican a un rubro, que están imposibilitadas de operar. Muchas de ellas se transformaron y empezaron a producir productos que el mercado necesitaba, como textiles que empezaron a hacer tapabocas o barbijos; empresas automotrices que hicieron máscaras protectoras, como Ford o General Motors, incluso algunas armaron proyectos conjuntos para fabricar respiradores; o Porta Hnos. que es uno de los grandes productores de alcohol fino en el país, pero también produce bebidas alcohólicas, dedicó toda su línea de producción a alcohol fino y en gel”.

“Incluso se llevaron a cabo algunas modificaciones que fueron minoritarias, pero muy llamativas. General Motors y Unilever hicieron en la Argentina un convenio para que los trabajadores suspendidos en General Motors pudieran trabajar en Unilever, en sectores de actividades esenciales, y Unilever les pagaba sus salarios. Esto es algo que nunca se había visto”, concluye Julián D’Angelo.

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