Impuesto a la riqueza: una medida extraordinaria que no afecta futuras inversiones

Así lo consideró Pedro Velasco, profesor de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, para quien sería ideal que el cobro de un gravamen se efectivice cuando los dueños de las grandes firmas traducen sus ganancias en otras inversiones o compras de bienes, y no cuando reinvierten en el sistema productivo.

La posibilidad de sancionar un impuesto a la riqueza instauró, una vez más, el debate sobre qué impuestos son los que se deberían cobrar y quiénes deberían pagarlos. Pedro Velasco, docente de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, se encuentra en pleno proceso de investigación, entre otros, de estos temas.

“Empezar a preguntarse de dónde conseguir recaudación me parece una buena idea. Por eso estoy trabajando en un proyecto de investigación para analizar, entre otras cosas, de qué forma fortalecer la tributación sobre el patrimonio o sus manifestaciones a través de la propiedad”, comienza explicando Pedro Velasco, profesor de Régimen Tributario de la Económicas de la UBA e investigador del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP – Conicet).

“No perdamos de vista que hay una necesidad de recaudar. Y, sobre ella, hay que definir a quién se le cobra”, dijo Velasco.

Es que la queja sobre la carga tributaria es recurrente, pero, a la vez, si el Estado no se financia las consecuencias podrían ser nefastas: “El Estado se tiene que financiar. Y la pregunta que hay que hacerse es desde dónde. Porque la idea de que no hay que pagar impuestos le resulta muy atractiva a muchos, pero es inviable. Hay que lograr determinada recaudación, hay que cubrir cierto nivel de déficit y hay posibilidades que hay que explorar”, sostiene Velasco.

Parte del trabajo que lleva a cabo el profesor es ver cómo está la situación tributaria en el resto del mundo: “En muchos países hay una competencia tributaria por ganar inversiones que hace bajar las tasas de los impuestos a las sociedades, ya que todos pretenden sacarles las inversiones al país de al lado. En la Argentina, a partir de la reforma del 2018 se trató de incentivar a las empresas a que crezcan más y que reinviertan. Para que eso sucediera se les bajaron las Contribuciones patronales, así como la tasa de sociedades, pero partiendo de un nivel de déficit de 6 puntos. Por eso digo que es un tema que hay que analizarlo bien”.

Buena parte de ese “analizar bien” al que hace referencia Velasco tiene que ver con que si, en alguna medida, lo que se está perdiendo de recaudar a través de impuestos a las sociedades por la baja de alícuotas, se podría tratar de recuperar por imposición a los patrimonios de las personas. “Por eso, la idea es tratar de articular algunas propuestas de imposición sobre los patrimonios de las personas a los fines de equilibrar un poco la recaudación sobre los dueños del capital”, recalca.

Para ampliar el concepto, el investigador explaya aún más la idea: “Hay muchos países que otorgan determinados beneficios, ya sean financieros o de promoción industrial hacia una empresa en funcionamiento. Esto le permite a dicha empresa obtener mayores ganancias y poder seguir reinvirtiendo y produciendo. Al menos ese es el objetivo. Si estos beneficios no funcionaron y la empresa terminó quebrando, se hizo el esfuerzo fiscal y no se logró lo que se buscaba”, explica Velasco uno de los finales posibles.

“Pero también hay casos de éxito, en los que la empresa logra mejorar su productividad y su competitividad internacional, y obtiene ganancias que pasan a estar en cabeza de alguien, que suele exteriorizarlas, ya sea a través de mayores depósitos, tenencias de otras acciones, o patrimonios, como casas, departamentos, yates, etc. Si se aplica el impuesto sobre la riqueza, lo que en definitiva se puede estar haciendo es recuperar parte de la recaudación cedida en el ámbito productivo para que las empresas produzcan más, en el momento en que, efectivamente, esa medida funcionó y se vio reflejada en la riqueza de una determinada persona”, recalca. Y amplía: “Y, en caso de que estas empresas no hubiesen tenido un estímulo fiscal, de todas maneras, tuvieron a su favor un determinado contexto que supieron aprovechar”.

Está instalada esa idiosincrasia de que quien invierte lo hace como un favor a la Patria. Muchas veces el Estado hace esfuerzos para generar inversiones, por eso, cuando esas inversiones tienen éxito, se puede aprovechar para recuperar una parte de lo que se haya capitalizado. De esta manera, el Estado le cobraría los impuestos solo a los casos exitosos y recién cuando se exterioriza como riqueza y se ve efectivizada esa mayor ganancia, que ya salió del sistema productivo, y no cuando está llevando a cabo su actividad. Si estos tipos de razonamiento serán finalmente aceptados por la sociedad, y en todo caso, dónde poner la vara acerca de quiénes o en qué niveles deban aportar al sostenimiento del sector público, es materia de discusión política para resolverse en el Congreso Nacional o en la Legislaturas provinciales, y cuya solución técnica se resuelve a través de combinaciones de mínimos no imponibles y escalas de alícuotas.

Un impuesto único

Con respecto a la posible sanción del impuesto a la riqueza, si bien no se saben los pormenores de la misma, hay cierta información que es de público conocimiento y sobre la que Velasco tiene su opinión formada: “En primer lugar, hay que dejar en claro que se trata de una medida extraordinaria. Acá hay algunas cuestiones que hay que señalar. Un impuesto que se cobra de manera extraordinaria y por una única vez, en principio, no tendría por qué generar problemas de eficiencia hacia las inversiones futuras. Justamente, porque es un impuesto único, el cual te lo cobran y listo, pero nadie va a dejar de invertir a futuro en el país por un impuesto que ya se cobró y que no se va a volver a cobrar”.

En relación a la posible sanción del impuesto a la riqueza, Velasco consideró: “Un impuesto que se cobra de manera extraordinaria y por una única vez, en principio, no tendría por qué generar problemas de eficiencia hacia las inversiones futuras”.

El énfasis puesto en este tema tiene que ver con una discusión que se da en ciertos sectores, acerca de cómo puede afectar este impuesto la productividad a futuro: “Si esto genera un contexto en el cual la gente va a pensar que todo lo que gane de acá en adelante se lo van a sacar, ese razonamiento tiene sus fundamentos. Ahora, si es un aporte extraordinario sobre una cantidad de riqueza que se generó en el pasado y que no habría de generar previsiones en el futuro, entonces se parece mucho a la exacción de una renta extraordinaria. Y no debería acarrear problemas hacia las inversiones futuras”.

Otra discusión que se plantea a menudo referente a este posible impuesto es acerca de la desconfianza que genera a futuro: “Es algo similar a lo que ocurrió con el blanqueo. La gente que blanqueó pensó que, sobre ese dinero, como en ese momento no le iban a aplicar el impuesto sobre los Bienes Personales, dejaba a esa plata exenta de cualquier tipo de modificaciones legislativas en el futuro. Pero eso es algo que quisieron pensar y no algo que esté constitucionalmente salvado”, hace la salvedad el docente.

“Se supone que el blanqueo se llevó a cabo para traer dinero que, durante un tiempo, no estuvo declarado y ahora se lo trae para reinvertirlo en la Argentina. Por eso, sobre lo que se blanqueó, en lugar de cobrarse todos los impuestos que se deberían haber pagado, solo se cobró un impuesto sobre el monto total por única vez. Pero eso no puede generar la idea de que ese dinero es intocable. Porque si fuera así, yo también podría decir que no me pueden subir la alícuota del impuesto Inmobiliario porque mi casa la compré con anterioridad, o que no me pueden aumentar Ganancias, porque tengo este trabajo desde antes”, ejemplifica con claridad, y razona: “Hay una victimización del blanqueo que creo que solo se puede dar en la Argentina. Cuando, en realidad, cualquier persona que blanquee, debería sentirse, como mínimo, avergonzada”.

Como suele suceder en muchos de estos casos, la instalación del tema de estos impuestos en la agenda diaria, casi siempre es directamente proporcional al nivel de riquezas al que apuntan: “No nos olvidemos de que, en el caso de Ganancias sobre los salarios, por ejemplo, estamos hablando del último decil del total de aportantes al Sistema de Seguridad Social. Y, en la discusión actual sobre el extraordinario a la Riqueza, si bien todavía no están los parámetros oficiales, se podría calcular en alrededor de unas mil personas”, distingue Pedro Velasco.

Y concluye: “No perdamos de vista que hay una necesidad de recaudar. Y, sobre ella, hay que definir a quién se le cobra, A partir de ahí, también hay una cuestión ideológica de por medio, y no hay que tener miedo a decirlo, porque siempre los es en materia de tributación. Claramente, si eleváramos 10 puntos el IVA seguramente recaudaríamos mucho más, y sobre un número bastante mayor de contribuyentes, pero no creo que sea a lo que se está apuntando en este momento”.

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