Energía: Una mochila muy pesada

La inflación y la devaluación del peso podrían llevar al Gobierno a modificar la política de quita de subsidios. Incertidumbre frente a un año electoral.

Según docentes de Economía de la UBA, el esquema impuesto por el Gobierno de quita de subsidios y aumento de tarifas, ya habría fracasado. Consideran que hay barajar y volver a empezar

El sector energético parece haber llegado a una encrucijada en los Argentina, que se debate entre dos fuertes limitantes: la devaluación y la inflación. Pese a los continuos aumentos de tarifas impulsados por el Gobierno nacional, la enorme pérdida de valor del peso que se registró en 2018 podría modificar la política de quita de subsidios al sector y llevarla a foja cero. La situación genera incertidumbre e impacta en un año electoral. Sin dudas, será una de las herencias costosas que reciba el próximo Gobierno.

Así lo consideró Andrés Di Pelino, profesor de Economía de la Energía de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, al ser consultado sobre la situación del sector ante los nuevos aumentos de tarifas en los servicios públicos previstos para 2019 y tras los cortes de electricidad que afectaron a los usuarios durante enero, que podrían repetirse en las próximas semanas en función de las temperaturas y la demanda.

“Es difícil pedirle paciencia al usuario cuando la calidad del servicio sigue siendo tan mala como era antes, o incluso peor”, dijo Di Pelino

“Cuando los argentinos creímos que los aumentos de las tarifas de gas y electricidad podrían permitir que el Gobierno reduzca considerablemente o lleve hasta cero los subsidios a la energía, nos encontramos con que el esquema fracasó. Con la megadevaluación del año pasado, del orden del 100%, volvimos al comienzo. De alguna manera es una suerte de barajar y volver a empezar”, dijo Di Pelino, quien también es director de la carrera de Economía de la Universidad de Belgrano. “Entonces va ser necesario realizar nuevos aumentos en los servicios o que el Estado asigne más fondos en subsidios”, afirmó.

“Es una encrucijada que tiene dos componentes: la herencia de la suba de precios dolarizados por el ex ministro Aranguren, mientras que los usuarios perciben sus ingresos en precios. Y un país que tiene una enorme inercia inflacionaria, con un pico que se acercó al 50% el año pasado. Esta doble componente (inflación más devaluación) nunca va a permitir terminar de normalizar los precios del sector”, consideró Di Pelino.

Según el especialista, el principal problema radica en el esquema diseñado por las anteriores autoridades de Energía, con un el dólar situado entre 19 y 20 pesos. “Hoy tenemos un dólar que está prácticamente en el doble. Entonces el costo de la generación de electricidad aumentó sustancialmente porque está dolarizado”, dijo.

“El usuario, que finalmente afronta la factura de luz, se encuentra con tarifas altas y nuevos aumentos en lo que resta del año y en 2020. Es difícil de explicar y pedirle paciencia cuando la calidad del servicio sigue siendo tan mala como era antes, o incluso peor”, dijo el profesor de la UBA, y aclaró que si bien en estos últimos años se registraron algunas inversiones por parte de las empresas de energía, “los resultados no se van a observar de un día para el otro, después de 15 años de congelamiento y abandono”, señaló. Asimismo reconoció: “También es cierto que las inversiones de las empresas tendrían que comenzar a dar sus frutos”.

Todos las áreas

La situación no sólo afecta a los servicios de electricidad, sino también a las áreas del sector energético que están desreguladas, como los combustibles líquidos (nafta y gasoil). “Constantemente las petroleras están viéndose obligadas a aumentar los precios porque vienen de un atraso muy grande, de los años 2017 y 2018, que vuelve imposible la convergencia con los valores internacionales del crudo. No alcanza con que baje el precio del commodity porque las petroleras siguen con un atraso que están buscando recuperar”.

La situación no sólo afecta a los servicios de electricidad, sino también a las áreas del sector energético que están desreguladas, como los combustibles líquidos

Por otro lado, aseguró: “No hay rama que se haya salvado de las contingencias macroeconómicas. El gran ímpetu con el que el Gobierno arrancó las licitaciones en el sector de las renovables (básicamente eólica y solar), como una apuesta fuerte para diversificar la matriz energética, también quedó en standby. Algunos proyectos que están en ejecución continuaron lentamente, aunque la mayor parte quedó desfinanciado en el camino”. Además señaló que si bien se buscó una alternativa mediante los Proyectos de Participación Público-Privada (PPT), también se discontinuaron porque, según el economista, el FMI no alienta ese tipo de financiamiento y las empresas no están dispuestas a invertir porque no ven una garantía de rentabilidad.

La ultima novedad, tras el giro en las políticas energéticas impulsado por las nuevas autoridades de la Secretaría, a cargo de Gustavo Lopetegui, es la quita de los subsidios en Vaca Muerta, que también respondería a un reclamo del FMI. En este caso, el Grupo Techint, a través de su subsidiaria Tecpetrol, que es la principal empresa del sector, acusó al Gobierno nacional de modificar unilateralmente las condiciones contractuales para la producción de gas no tradicional y advirtió que podría iniciarle al Estado una demanda judicial multimillonaria.

“Tenemos un panorama muy complejo para lo que resta del año. Más allá del sello político, el próximo Gobierno va a recibir una mochila muy pesada en materia energética. Esta es la realidad”, concluyó Di Pelino.

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