El rol de la naturaleza en la contabilidad

El Decano de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, Ricardo Pahlen Acuña, es un pionero en temas de contabilidad ambiental. Cree esencial que, tanto las empresas como los gobiernos, incluyan en sus balances, no solo los pasivos, sino también los activos naturales con los que cuentan. Ya que es esencial para la planificación de negocios y políticas públicas sustentables.

En su carácter de Decano de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, el Dr. Ricardo Pahlen Acuña forma parte del Consejo y Económico y Social. Y allí lleva a cabo diversas iniciativas en un área en la que es considerado un pionero en nuestro país, la contabilidad ambiental. “En la última Asamblea, a instancias de una comisión que coordinamos, que se llama Ambiente y Políticas Públicas, se votó por unanimidad una recomendación al Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires para que se incorporen los bienes naturales y culturales a la contabilidad de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires”, comenta el Doctor y Profesor Emérito.

Pero, además, como para que la iniciativa ambiental tenga más fuerza aun, dentro del Consejo “estamos trabajando para enviar a la Legislatura del Gobierno de la Ciudad, un proyecto de Ley referido a este mismo tema”.

Ahora bien, ¿cómo surgió la iniciativa del Acuña por indagar en un campo de investigación que, en principio, parece bien alejado de la contabilidad? “Fue hace 26 años, cuando se llevó a cabo la cumbre de medio ambiente de Río de Janeiro. En ese momento me pregunté qué relación tenía el medio ambiente con nuestra especialidad contable. A primera vista, parecía que ninguna, pero escuchábamos hablar permanentemente del daño del medio ambiente y empezamos a investigar con un equipo de la Facultad. Y logramos establecer, a través de un estudio muy minucioso de las normas contables, que cuando hablamos del daño al medio ambiente, estamos hablando de una parte del sistema contable, que es el pasivo de un ente, de una empresa o de una asociación cualquiera, pero nadie hablaba de los activos”, precisa Pahlen Acuña.

Es por este motivo que decidió patear el tablero y poner a los activos dentro de la contabilidad ambiental. “Cuando hablamos de los activos nos referimos a los recursos naturales. Y empezamos a averiguar si los mismos estaban registrados. Pero para arribar a la conclusión de que un recurso natural es un activo hicimos una investigación a través de las normas contables, donde quedó claramente establecido que una empresa o el Estado tiene un activo, no solo cuando es propietario desde el punto de vista jurídico, sino también cuando accede a sus beneficios económicos”.

“Un bien puede no ser mío, por ejemplo, cuando lo adquiero a través del sistema de leasing, sin embargo, los beneficios los usufructúo yo. Esto mismo pasa con un recurso natural. Para una empresa que explota pistas de esquí, el recurso natural nieve no es de su propiedad, pero no cabe ninguna duda de que, si la nieve deja de existir, la empresa tiene dos caminos: o se aguanta el quebranto porque la gente no va a esquiar, o instrumenta una suerte de mecánica de nieve artificial para que siga yendo la gente. En cualquiera de los dos casos, esta empresa tiene un costo importante. Por lo tanto, llegamos a la conclusión de que el recurso natural, es un activo”, afirma el contador, quien en 2014 fue declarado Personalidad Destacada de la Ciudad de Buenos Aires por su aporte en esta materia.

Siguiendo este razonamiento, el investigador sostiene que “si el activo tiene que estar registrado de alguna manera, la contabilidad lo tiene que tener en cuenta. Y si no conozco a la contabilidad en su integridad, tomando en cuenta todos sus elementos, no puedo decir que pueda hacer una administración sustentable. Y sin una administración de este tipo, en la cual no sabemos qué es lo que tenemos, no podemos hablar de una contabilidad que me permita tomar decisiones”.

“¿Cómo puede ser que las empresas extranjeras conozcan a la perfección nuestra riqueza pesquera y que nosotros no la tengamos registrada en la contabilidad gubernamental?”, se preguntó Pahlen Acuña.

Por supuesto que, como toda nueva rama que se abre camino en una ciencia, no está exenta de detractores. “Nadie dice que sea sencillo valorizar los bienes ambientales. No va a faltar quien diga ‘¿cómo hacemos para valorizar el aire o el agua?’ Pero se pude empezar por cosas mucho más fáciles. ¿Cuánto vale integralmente un parque nacional, como puede ser el Iguazú? El Parque Iguazú es un todo, por el cual los visitantes pagan una entrada. Si tenemos la cantidad de visitantes por año y el importe abonado, no caben dudas de que tenemos un primer valor, aproximado, como lo es toda la contabilidad, que no es una ciencia exacta. Los peces, una vez pescados, son vendidos en distintos puestos de la zona, es decir que tienen un valor. Las hierbas medicinales que se encuentran dentro del Parque, también se venden a determinado precio y, por ende, también tienen su valor de mercado”, ejemplifica de manera gráfica el profesor emérito de la Facultad.

Ahora, bien, ¿qué interés podría tener una empresa en declarar sus bienes naturales? Si tiene que agregar activos, esto redundaría en una mayor carga tributaria. Y, en caso de sumar activos, podría tener que pagar algún tipo de multa. La respuesta la tiene Pahlen Acuña: “Creo que una empresa debería contarle a la sociedad, por un lado, los recursos que utiliza, y por otro, los que deshecha. Y no estoy tan seguro de que esto derivaría en un quebranto. Si hace lo que debe hacer, que es, por ejemplo, no desechar residuos contaminantes, e incorporar planta de tratamientos, entre otras cosas, esta empresa que deja de contaminar, le contaría a la sociedad lo que hizo para evitar la contaminación. Y la sociedad, a corto, mediano o largo plazo, la compensaría. Le daría una confianza mayor que a otra empresa que no lo hace”.

Por otro lado, la economía ambiental también debería estar presente en la contabilidad estatal. “¿Cómo puede ser que las empresas extranjeras conozcan a la perfección nuestra riqueza pesquera y que nosotros no la tengamos registrada en la contabilidad gubernamental? Y es muy fácil de hacer, sólo hay que tener un registro de la cantidad de peces que se sacan. Y, en función de eso, estimar la cantidad de peces que puede haber en el Mar Argentino. Lo mismo sucede con la minería, donde se fija un canon, ¿pero en función de qué se lo fija si no hay un registro de lo que hay dentro de la mina?”, se pregunta el Decano.

“Por eso, la actividad del contador es riquísima en ese sentido, porque va a tener que registrar todo, a la vez que conformar un equipo interdisciplinario que dé cuenta, realmente, de qué recursos puede haber, tanto en el Mar Argentino como dentro de una mina. Después se ajustarán los números es función de lo que realmente se encuentra. Pero por lo menos tengamos un piso”, reclama con criterio y sigue: “El hecho de que esta información no figure en los libros contables es fundamental. ¿Cómo puedo tomar políticas públicas, si no sé qué es lo que tengo? ¿O cómo voy a fijar un canon sobre determinado uso si carezco de esa información?”, indaga Pahlen Acuña.

Y como el mejor ejemplo empieza por casa, el Decano logró el primer cambio relacionado con la contabilidad ambiental puertas adentro de la Facultad. “En nuestro nuevo plan de estudios, a partir de este año, ya está incluida Contabilidad Social y Ambiental como materia obligatoria y no ya optativa. No podía ser que siguiera siendo una materia optativa cuando ya hay resoluciones técnicas que obligan a los contadores públicos a hacer un balance social”, concluye el Decano.

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