El futuro de la energía en la Argentina

Tarifas congeladas y dolarizadas, con subsidios del Estado. Energías renovables con muy poca incidencia global. Vaca Muerta con una explotación del 5% y grandes desafíos por delante. Y un aumento sostenido de la pobreza energética. Sobre estos conceptos y más, aporta todo su conocimiento el profesor Andrés Di Pelino, un especialista en la materia.

El congelamiento del precio de las tarifas hasta fin de año es un alivio para los bolsillos de los argentinos. Sin embargo, poco se sabe qué sucederá a partir de entonces. ¿Habrá aumentos parciales o totales? ¿Seguirán los subsidios? Y, sobre todo, ¿cuál debería ser el precio de mercado de las mismas? “En este momento no es posible dejar fijo el precio para las tarifas, porque estamos atravesando una economía altamente inflacionaria y las tarifas de los servicios de energía son un precio más de la economía”, aclara de entrada Andrés Di Pelino, profesor de Economía de la Energía en la Facultad de Ciencias Económicas.

Pero el de las tarifas no es un precio cualquiera, sino que es uno que está regulado por el Estado, que tendrá que ir ajustándose teniendo en cuenta algunas consideraciones. “Por un lado, ¿cómo se hace para impedir que se vuelva a producir un atraso tarifario? Pero, por otro lado, también se tiene que definir con qué parámetros se aumentan las tarifas: ¿Se debe hacer al compás del aumento del dólar, como se venía haciendo últimamente sumándoles también la inflación? ¿O el criterio debe ser que las tarifas aumentan en función de los incrementos que tengan los salarios, por ejemplo? Todo esto hoy está en debate, por eso no se puede prever cuánto van a aumentar las tarifas si las variables macroeconómicas no se serenan”, amplía el economista.

Una vez planteados todos los interrogantes, Di Pelino plantea cuál debería ser el camino a seguir: “Las tarifas no pueden quedar congeladas indefinidamente. Se tienen que ajustar. Y, lo deseable, sería que la tarifa retribuya los costos de la prestación del servicio más una rentabilidad al operador, la cual debe incluir, además de las ganancias, las inversiones del sistema, las amortizaciones de todo el material y la expansión de redes en función del crecimiento de la demanda, entre otras cuestiones. Esto es lo conceptual y hay que procurar apuntar en esa dirección. El beneficio de esto es que se aliviarían las cuentas fiscales, reduciendo considerablemente los subsidios. Este fue uno de los objetivos que se había propuesto este gobierno y que nunca consiguió porque se le dispararon todas las variables macroeconómicas. Antes de la última mega devaluación se había llegado a reducir el subsidio de las tarifas de energía hasta un 30% del total. Hoy en día, ese porcentaje aumentó considerablemente”.

“En definitiva, para ordenar la cuestión tarifaria, primero hay que ordenar y estabilizar la macroeconomía. No se puede hacer al revés”, sentencia sin dudar. Y agrega: “Lo que hay que hacer es desdolarizar las tarifas. Este gobierno dolarizó las tarifas energéticas pensando en un dólar que se mantendría medianamente estable. Resulta elemental que no se puede pretender cobrarle a la población una tarifa en dólares, cuando percibe sus ingresos en pesos. Esto es básico. En cuanto a lo que finalmente pagan los usuarios de los servicios públicos energéticos, la madre de todos los problemas es el precio en boca de pozo. Al haber establecido en dólares ese precio, que es el insumo básico, se puso de rehén a todo el sector energético”.

El enigma de Vaca Muerta

Di Pelino también es Subdirector del Centro de Estudios en Economía y Gestión de la Energía. Y una voz más que autorizada para explicar si la solución al problema energético se encuentra en Vaca Muerta. “Es un polo importantísimo a futuro, en tanto y en cuanto se le generen las condiciones. Estas tienen que ver con infraestructura, que todavía no está presente en dimensiones significativas; porque si queremos exportar, precisamos los gasoductos; se necesita competitividad en términos de lo que es la explotación de los recursos, es decir, costos más bajos que los actuales, de la mano de mayor tecnología y más inversiones; y también es preciso tener infraestructura ferroviaria para llegar con los insumos a Vaca Muerta, como el agua y la arena que hay que inyectar en los pozos”.

“Para ordenar la cuestión tarifaria, primero hay que ordenar y estabilizar la macroeconomía. No se puede hacer al revés”, dijo Di Pelino

“En este momento Vaca Muerta está siendo explotada en menos de un 5%, con respecto a su superficie total. Es decir que tiene la potencialidad de crecer un 95%. Está casi todo por hacer”, afirma el docente. Para luego explicar el inconveniente del yacimiento al momento de figurar en los libros contables: “Para poder transformar esos recursos que están en el subsuelo, en reservas y que sean activados en el balance patrimonial de las empresas, hay que cumplir con dos condiciones. La primera es que hay que tener la tecnología para poder extraer esos recursos, y la Argentina todavía no la tiene, ya que solo la poseen los Estados Unidos y China, con quienes entonces se necesita hacer convenios. La segunda condición es que tiene que existir un precio internacional del oil & gas que haga rentable la extracción. Recién cuando se tengan esos dos elementos, se podrá decir que esos recursos se transformaron en reservas y se los activa, incluyéndolos en los balances de las compañías”.

Di Pelino también remarca que la Argentina, con Vaca Muerta, no corre el riesgo de padecer la llamada “enfermedad holandesa”, algo sobre lo que ya alertaron ciertas voces del sector. “Cuando Holanda descubrió pozos de petróleo en el Mar del Norte, apuntó hacia allí todos sus recursos económicos y financieros. Y cuando el precio del crudo se desplomó, la economía se contrajo bruscamente. Esto es altamente improbable que nos suceda con Vaca Muerta, porque en la Argentina existe un sector como el campo, que es el que tiene ventajas comparativas. Y es, a su vez, el sector que históricamente ha dinamizado las exportaciones. Ese es nuestro verdadero motor, desde el tiempo del modelo agroexportador. No hay punto de comparación con Holanda”.

Parándose en un punto intermedio, Di Pelino también aconseja a quienes creen que Vaca Muerta es la salvación del país. “Va a ser un jugador muy importante del sector en términos de abastecimiento local para el mercado interno. También va a tener un rol importante regional, en el Cono Sur. Y vamos a poder tener saldos exportables, sobre todo en Gas Natural Licuado, en el verano, cuando no haya tanto consumo interno. Para transformarnos y poder exportarle al mundo, van a hacer falta no menos 20 o 30 años. Hay que ir avanzando de a poco y sobre pie firme”.

¿Qué es la pobreza energética?

En cuanto al desarrollo de las tan esperadas energías renovables, el docente no ve que, al menos en corto plazo, pueda ser una opción de peso. “Estamos todavía lejos de tener una matriz energética más limpia. Los valores que nos habíamos impuesto con la ley de energías renovables nunca se llegaron a cumplir. Se apuntaba a que fueran el 20% del total y hoy no llega ni al 4%. Es muy poca la energía eólica y solar que se genera. Pero, por lo menos, lo que se hizo en estos años es positivo y es mejor que no haber hecho nada. Y tenemos un potencial enorme, para energía eólica contamos con uno de los mejores mapas del viento del mundo en la Patagonia, con vientos fuertes y sostenidos. Y tenemos cielos limpios y buena latitud en el norte para la energía solar”.

Este panorama de poca energía y a precios elevados, son algunos de los pilares que sostienen el concepto de “pobreza energética”, utilizado por Di Pelino: En la Argentina hay millones de hogares que padecen pobreza energética. Que no necesariamente son los que están por debajo de la línea de la pobreza para el INDEC. Los hogares le destinan un porcentaje alto al pago de las facturas de electricidad y gas, muchas veces más del 10%. Cada vez que hay un aumento de tarifas, la cantidad de pobres energéticos aumenta en forma considerable. La consecuencia de esta pobreza es que se reduce la calidad de vida por no poder calefaccionarse o refrigerarse bien y, en casos extremos, puede derivar en malestares psicológiocos, enfermedades o incluso provocar la muerte”.

“Si una familia no puede arreglar la casa, empieza a haber pérdidas de frío y de calor, esto incrementa la disconformidad. Y cuando no se puede pagar la factura, hay gente que se endeuda o deja de pagarla, y acto seguido viene el corte del servicio. Llegado el caso de que pueda volver a conectarse, hay que pagar la deuda vencida y un cargo de reconexión, y muchos no lo pueden hacer. Y así es como volvió a aparecer la garrafa en lugares donde antes no existía, incluidas propiedades horizontales de la Ciudad de Buenos Aires. Una garrafa que es más cara e insegura que el gas natural. La dirigencia política debería prestarle más atención a este tema, porque no es una cuestión menor”.

“La actual administración que finaliza el próximo 10 de diciembre ha mostrado -por impericia y mala praxis- en estos más de tres años y medio que lleva gestionando el sector, muy pocos logros y deja una enorme mochila energética al próximo gobierno que deberá lidiar con múltiples desafíos al mismo tiempo. Llegó la hora de gestionar el sector con aquellos que saben y hacerlo sin prejuicios de ninguna índole”, concluye Di Pelino.

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