El agro crece en escala y exporta el modelo pampeano al resto del país

Son algunas de las principales tendencias del Censo Nacional Agropecuario 2018, cuyos resultados finales se darán a conocer en los próximos meses. 

Luego de haber finalizado el relevamiento de 194 millones de hectáreas, de aquí a dos meses podrían conocerse los datos del Censo Nacional Agropecuario 2018 (CNA 2018). El sitio Saldo a Favor accedió a algunas de las tendencias que estarían surgiendo del nuevo operativo, concluido el 30 de marzo, las cuales muestran el desarrollo industrial de las explotaciones productivas y el crecimiento de la agricultura pampeana en otras regiones del país, con un aumento en las superficies arrendadas y una mayor diversificación de actividades, entre otros aspectos.

“La agricultura pampeana se expandió fuertemente hacia las economías regionales. Salta y Santiago del Estero, e incluso Córdoba y parte de San Luis aparecen como provincias muy parecidas a la región núcleo central”, adelantó Roberto Bisang, coordinador del CNA 2018 y docente de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA. Al respecto, señaló que el aumento de la humedad hacia el oeste del país, producto del cambio climático, motivó el corrimiento de la frontera agrícola en regiones que antes eran consideradas marginales. Además, en las últimas décadas surgió un conjunto de tecnologías adaptadas a los suelos y climas de esas zonas, con lo cual hoy se está pudiendo sembrar maíz tardío, por ejemplo, en San Luis, Córdoba y Santiago del Estero.

Continuando con las novedades del censo, Bisang afirmó que en las regiones NEA y NOA se encontraron nuevas explotaciones agropecuarias con grandes superficies en manos de Sociedades Anónimas, muchas de ellas con residencia en la Ciudad de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, las cuales crecieron en base a la utilización de tecnologías de punta o desmontes (o la mezcla de ambos).

“El agro se ha diversificado en pos de agregar valor. Además de la agricultura y la ganadería, hoy hay que sumarle actividades de bioenergía y ecoturismo”, dijo Bisang.

“Dado que están relativamente lejos de los puertos, y que el flete les resta competitividad, muchos de estos establecimientos no sólo producen granos sino que los transforman en origen: muelen su propio cereal para alimentar al ganado vacuno en el feedlot”, dijo. Este proceso se repite en otras actividades, como sucede en Buenos Aires y Entre Ríos con la producción aviar y en Catamarca con la lechería.

“Son empresas que no existían 20 años atrás, que comenzaron con la expansión de la frontera agrícola, después transformaron los granos en carne y, en algunos casos, también instalaron pequeñas plantas productoras de biodiesel”, señaló.

Bisang, quien también es investigador de Instituto Interdisciplinario de Economía Política de Buenos Aires (IIEP UBA-CONICET), destacó la tendencia observada por los encuestadores a sembrar o producir ganado en tierras alquiladas: “En el Censo de 2002 habitualmente un productor tenía dos parcelas. El Censo de 2018 está mostrando que hoy posee tres o más, y que esa superficie se suma vía alquileres”.

Con el crecimiento de los campos arrendados, muchos productores habrían aumentado su escala y diversificado las zonas donde producen: “En Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires existen empresas que producen en grandes extensiones pero en diferentes lotes, propios y alquilados, en un radio manejable en términos de distancia. En Río Cuarto, por ejemplo, un productor puede tener entre 10 y 15 parcelas alquiladas en un radio de 200 km. Es un nuevo modelo de producción, donde también se vuelve a verificar el crecimiento vertical de las explotaciones, que elaboran granos, los muelen y los convierten en bovinos, pollos, cerdos, huevos o leche, por ejemplo, e incluso en bioenergía”.

“El agro se ha diversificado en pos de agregar valor. Además de la agricultura y la ganadería, hoy hay que sumarle actividades de bioenergía y ecoturismo”, dijo, y señaló que “son particularmente llamativos los casos de turismo del Valle Uco o el de estancias de Buenos Aires, la caza en La Pampa, y la pesca en Río Negro y Neuquén”.

Por otra parte, el investigador destacó la menor edad de los productores que toman decisiones en el agro argentino, respecto de sus pares de Europa. Mientras los agricultores del Hemisferio Norte posen un promedio mayor a 70 años, en la Argentina tienen menos de 60. “Es un dato optimista en términos de cierta mejor predisposición de la empresarialidad joven para adoptar nuevas tecnologías”, opinó.

Otras tendencias

Bisang también se refirió a las tendencias del sector agropecuario en el sur del país y en las zonas periurbanas, donde llevan adelante producciones hortícolas y donde la tierra disponible para sembrar o criar ganado compite con el crecimiento de los barrios cerrados.

“En el sur del país, principalmente en Santa Cruz y, en menor medida, en Tierra del Fuego, existe una retracción en las explotaciones laneras debido a diferentes situaciones como las erupciones volcánicas, el avance del guanaco (que compite contra la alimentación de los ovinos) y las multiplicación de los predadores naturales, sumado a la crisis del precio internacional de la lana. Este conjunto de factores llevaron a que un par de centenares de establecimientos, que 20 años atrás eran productores, hayan dejado de serlo”.

“Otra característica del Censo está dada por la presencia de explotaciones hortícolas en zonas periurbanas de Mar del Plata, La Plata y Santa Fe, por ejemplo, que generalmente están en manos de una segunda generación de extranjeros que alquila tierras a muy baja escala (entre 3 y 5 hectáreas), cuyas producciones son muy intensivas en mano de obra, así como en el uso herbicidas y fertilizantes”.

“Otra característica distintiva es el crecimiento urbano debido a los countries, que van ganando tierra a la agricultura. Esto sucede, por ejemplo, en las afueras norteñas de la Ciudad de Buenos Aires, o hacia el sur, camino a La Plata”.

Concentración

¿El aumento en la escala de producción implica un aumento en la concentración de tierras? “No necesariamente. O sea, sube el nivel promedio de la explotación agropecuaria a través de tierras de terceros (alquileres, aparcerías y otros modelos), no en cuanto a la tenencia de tierras”, indicó Bisang, y advirtió que el Censo no se concentra en las tierras sino en la producción agropecuaria. No obstante indicó que resta conocer los números finales del censo para confirmar esta afirmación. Por otra parte sostuvo que es importante que no existan barreras de entrada para la producción, más allá del nivel de concentración que exista.

Además de estos aspectos, el investigador afirmó que la producción agropecuaria es una red con diferentes integrantes: “Hay dueños de las tierras, quienes las alquilan o las toma en aparcería. Además, aproximadamente dos tercios de las actividades agropecuarias son realizadas por contratistas, y dos tercios de los costos de la producción agropecuaria, y de los cultivos anuales en particular (sin tomar en cuenta el alquiler de la tierra), son costos industriales, como herbicidas y semillas, por ejemplo. También están los silos bolsa como mecanismos de almacenamiento”.

“En mi opinión la concentración tiene que analizarse desde otra lógica, que permita evaluarla en el marco de una red, no sólo referida a la tierra, ni siquiera a la producción, sino también en relación a los insumos y servicios aguas abajo (transporte, comercio exterior y almacenamiento, entre otros). Ahí me parece que hay mucha riqueza analítica para profundizar”, concluyó.

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