Economía: cuando los errores de diagnóstico son sistemáticos

Una investigación de la UBA que analizó la experiencia de 50 países a lo largo de 30 años, advirtió sobre los errores de agentes económicos, inversores, analistas y periodistas al no identificar a tiempo las vulnerabilidades de la economía. El caso argentino: “Lamentablemente, en parte estamos sufriendo las consecuencias de esos errores”, dijo Aromi. 

Aromi identificó períodos en las últimas tres décadas durante los cuales las economías de 50 países manifestaron grandes déficits en cuenta corriente, de al menos 5% del PIB. Al analizar el conjunto de eventos, encontró un exceso de optimismo que se repitió en diversos sectores.

En 2017 la Argentina alcanzó un gran déficit en cuenta corriente, situado en 4.9% del PIB. No obstante, expertos en el sistema financiero, periodistas y otros agentes de información no contemplaron las vulnerabilidades a las que estaba expuesta la economía del país en un plazo cercano. Las opiniones negativas de los “especialistas” recién comenzaron a llegar cuando la situación fue insostenible.

Esta afirmación se desprende de un estudio realizado por Daniel Aromi, docente de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA e investigador del CONICET, quien analizó las experiencias de 50 países a lo largo de 30 años para conocer en qué medida los analistas, expertos de los mercados financieros y comunicadores de la prensa advierten a tiempo las vulnerabilidades asociadas a los grandes déficit en cuenta corriente.

“Sería conveniente que estas señales sean advertidas con mayor cuidado. Esto podría ayudar a mitigar la severidad de las crisis que, en muchos casos, se manifiestan luego de los grandes desbalances”, dijo Aromi.

“Sería conveniente que estas señales sean advertidas con mayor cuidado. Esto podría ayudar a mitigar la severidad de las crisis que, en muchos casos, se manifiestan luego de los grandes desbalances”, dijo el investigador. “Ahora la economía argentina está revirtiendo esta situación. Se estima que en este año el déficit rondará 2%, pero se está logrando de una forma muy dolorosa”, lamentó.

En su estudio, Aromi identificó períodos en las últimas tres décadas durante los cuales las economías de 50 países manifestaron grandes déficits en cuenta corriente, de al menos 5% del PIB. Al analizar el conjunto de eventos, encontró un exceso de optimismo que se repitió en diversos sectores: “Uno podría pensar, por ejemplo, que los técnicos que elaboran los informes del FMI sobre pronósticos de crecimiento (una de las principales fuentes de información del trabajo de Económicas de la UBA) están influenciados por los intereses del organismo. Sin embargo encontramos patrones similares cuando utilizamos pronósticos de crecimiento provistos por agencias y consultoras privadas”.

“Esto sugiere que más allá de que naturalmente puedan haber motivaciones que exceden el ejercicio profesional serio, vinculados con intereses de las organizaciones de pertenencia, una gran parte de este patrón es explicada por errores compartidos por un amplio conjunto de agentes económicos, inversores, analistas y periodistas”.

Economías vulnerables

Al estudiar los errores de pronóstico de crecimiento económico, el economista encontró que, luego de un gran déficit en cuenta corriente, los siguientes tres años, en promedio, la economía es 6% más chica de lo que se esperaba que fuese. “También analizamos el valor de las empresas que cotizan en bolsa y vimos que, con posterioridad a un gran déficit en cuenta corriente, los retornos de activos financieros son cercanos a cero. O sea que los inversores no contemplaron las vulnerabilidades que enfrentaba esta economía”, sostuvo.

“Uno podría pensar, por ejemplo, que los técnicos que elaboran los informes del FMI sobre pronósticos de crecimiento (una de las principales fuentes de información del trabajo de Económicas de la UBA) están influenciados por los intereses del organismo. Sin embargo encontramos patrones similares cuando utilizamos pronósticos de crecimiento provistos por agencias y consultoras privadas”, dijo Aromi.

“La principal lección es que las personas que estudian la economía o que invierten en los activos financieros cometen errores sistemáticos y relevantes, que derivan en hechos muchas veces traumáticos para las economías. En algún momento la información llega y las opiniones reflejan lo que está sucediendo pero, en función de la evidencia recabada, las malas noticias podrían haber sido anticipadas”, indicó el investigador.

Mediante ese trabajo también se procesaron grandes cantidades de texto para conocer cómo fueron las opiniones en la prensa ante estas situaciones: “En el mismo sentido de los casos anteriores, se observa que con posterioridad a un gran déficit en cuenta corriente, el tono de las noticias en la prensa empeoró. Una posible interpretación es que quienes estaban produciendo estos contenidos (periodistas o especialistas en temas económicos), no consideraron en forma adecuada que estaban frente a una economía vulnerable”.

Aromi afirmó que este proceso se repite en casi todos los casos analizados: “Otros ejemplos están dados por México hacia inicios de los ´90, así como por un conjunto de economías asiáticas hacia la segunda mitad de esa misma década, y por EE.UU. y Grecia hacia la segunda mitad de la década pasada”.

Déficit argentino

 Aromi se refirió a las vulnerabilidades que mostraba la economía argentina en 2017, ante un gran déficit en cuenta corriente. “Esa advertencia no estaba siendo atendida”, alertó, y citó algunas estimaciones erradas que se realizaron entonces: “En abril de 2017 el FMI pronosticaba que la Argentina crecería cerca del 8% a lo largo de 2018, 2019 y 2020. Un año después se estima que en 2020 el nivel de actividad (medido a través del PIB) será 1% menor al de 2017. Es decir, en este caso, el error de pronóstico es -9%”.

“Lamentablemente, en parte estamos sufriendo las consecuencias de esos errores de diagnóstico”, dijo, y afirmó que “mirando hacia delante, la advertencia persiste”. Asimismo destacó otros períodos en los cuales la Argentina pasó por esta situación: En 1998 el déficit de cuenta corriente representó 4.5% del PIB. El FMI (como probablemente la mayoría de los analistas) pronosticaban crecimiento económico para los próximos años (9% para el período 2000-2002). Si embargo la profunda crisis resultó en una contracción cercana al 20%.

“Cuando se observa un gran déficit en cuenta corriente se debería reconocer que existen vulnerabilidades, aunque muy probablemente la opinión predominante no las refleje de forma adecuada. Las noticias deberían anticiparnos y demostrarnos que van a venir sorpresas. Es un mensaje negativo, pero es mejor estar informado y tomar decisiones”, concluyó el investigador.

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