¿Cuáles son las causas de la inflación en la Argentina?

Investigadores de la Facultad de Económicas analizan variables tales como la oferta monetaria, el nivel de actividad, los salarios y el tipo de cambio, entre otros.

Los determinantes de la inflación en la Argentina son diversos, por lo que las explicaciones simples de seguro dejan algunas cuestiones de lado. No se puede decir que sea un fenómeno puramente monetario, pero tampoco que se deba únicamente a su estructura productiva poco desarrollada. En la actualidad es probable que las variables más determinantes para explicarla tengan que ver con su componente inercial y con el tipo de cambio. A lo que hay que sumar los salarios, que cumplen un rol menor, aunque también activo. Detrás de todo esto, un exceso de oferta de dinero puede impulsar los precios al alza a través de una mayor demanda de bienes o, más probable en el caso de la Argentina, de divisas. Esta es la conclusión a la que llegó Guido Zack, profesor e investigador de la Facultad de Ciencias Económicas, quien, junto a Martín Montané y Matías Kulfas, realizó un documento llamado Una aproximación a las causas del proceso inflacionario argentino reciente.

Para analizar los determinantes de la inflación introdujeron las variables del modelo monetarista, es decir, la oferta monetaria y el nivel de actividad, así como de uno más ampliado o heterodoxo, en el que agregaron el nivel de salarios y el tipo de cambio. “Según la teoría monetarista, la inflación es un fenómeno puramente monetario. Sin embargo, esto no significa que haya una relación directa y unívoca entre un incremento de la oferta monetaria y el aumento de precios. Si un comerciante aumenta los precios, no lo hace en función de las medidas que tomó el Banco Central, sino porque aumentaron sus costos, salarios, etc. Para explicar esto hay dos canales básicos, en el primero, si el Banco Central aumenta la oferta monetaria, ese dinero va hacia determinadas personas, las cuales pueden gastar más en bienes y, si la oferta tarda en reaccionar, se puede producir un aumento de precios. La otra opción que tienen estas personas es el ahorro y, en particular en el caso argentino, el ahorro en dólares. Entonces, ante el incremento de la oferta monetaria aumenta la demanda de dólares, lo cual produce un aumento del tipo de cambio y de los precios. Y aquí ya introdujimos una variable adicional, como lo es el tipo de cambio, el cual es muy importante para entender la inflación argentina de los últimos años, sobre todo por su impacto en los bienes transables”, sostiene el docente.

Algo más que un problema monetario

Sin embargo, la inflación también puede acelerarse por otros motivos, tanto externos como internos, como pueden ser el aumento del precio del petróleo, la sequía en el campo o el incremento de salarios, etc. “En cualquiera de estos escenarios, es muy probable que el Banco Central responda emitiendo, es decir, que la emisión sería endógena. En otras palabras, no es sencillo identificar la relación causal entre emisión e inflación, dado que algunos sostienen que la primera genera a la segunda, mientas que otros afirmas que la segunda provoca a la primera. Sin ir más lejos, estamos hablando de una discusión en la que, al día de hoy, los economistas no nos pusimos de acuerdo, y es si la oferta hace a la demanda o la demanda hace a la oferta. Hay tantas economías a lo largo del mundo que, seguramente, habrá habido casos donde la oferta debió ajustarse a la demanda y viceversa. Pero para llegar a un diagnóstico certero hay que dejar de anteponer las creencias previas que tenemos antes de comenzar con el estudio en cuestión”, afirma Guido Zack, y agrega: “En el caso de la Argentina es difícil determinar el origen de la inflación porque todo viene subiendo alrededor de un 25% por año y trae una inercia de la cual no es sencillo desprenderse. Lo que sí queda claro es que los últimos saltos inflacionarios, de 2014 y 2016, fueron producto de sendas devaluaciones”.

La cuestión salarial también juega un rol importante en este análisis. Y puesta en relación con las demás variables arroja resultados a tener en cuenta: “Aun hoy, si no aumentaran los precios internacionales, ni el tipo de cambio, ni las tarifas, la inflación no bajaría a cero. Se establecería en torno al 20 o 25%. Porque hay una puja distributiva en la que los salarios quieren recuperar el poder adquisitivo perdido, después los empresarios quieren recuperar la ganancia perdida y nuevamente los trabajadores, y así sucesivamente. Acá el problema sería, quién es el primer sector que está dispuesto a resignar poder adquisitivo: ¿El empresario o los trabajadores? Ahí debería interceder el Estado, pero tampoco es muy sencillo, porque se trata de un problema de expectativas y de coordinación. Como decía, independientemente de cuál fue la causa inicial que provocó el salto inflacionario, después se mantiene por una cuestión inercial. Y te diría que una política antinflacionaria debería atacar, ya no tanto la causa inicial, porque eso sucedió muchos años atrás, sino esta puja distributiva y esta inercia”, explica el investigador de Económicas. Y, en cuanto a las expectativas se da un escenario similar al de la puja distributiva, ya que todos los actores piensan en un escenario con aumentos de precios. Así y todo, Zack sostiene: “Sin embargo, creo que no hay que dejar de intentarlo para lograr una baja de la inflación. Hay que implementar un sistema por el cual los empresarios no aumenten tanto los precios, para que los trabajadores no pidan tanto aumento salarial nominal. Y, en este caso, no hay política de shock que valga, porque es prácticamente imposible bajar la inflación en un año del 25% al 5%”.

Gradualismo para que disminuya, desarrollo para que no aumente

De lo dicho se desprende que, a la hora de intentar buscar soluciones al problema de la inflación, nuestro país no cuenta con muchas alternativas. Se necesitaría “o bien que los salarios aumenten menos que los precios, lo cual no parece deseable porque implicaría un elevado costo social y, presumiblemente, una pelea con los sindicatos; o bien estabilizar el tipo de cambio. Pero, en este último caso, con la inflación inercial del 20 al 25% anual, todos los costos en dólares van a aumentar ese mismo porcentaje. Y esto tiene diferentes consecuencias, por un lado se pierde competitividad, porque el país se hace más caro en dólares, y por otro, a medida que se atrasa el tipo de cambio, aumentan las expectativas de que, en algún momento, se va a ajustar. Eso va a hacer que los inversores decidan invertir en dólares, debido a las expectativas de devaluación, o que exijan una rentabilidad en pesos muy alta, que es un poco lo que sucede hoy”, explica el docente. De allí que no sea nada fácil el escenario actual para un descenso inflacionario. Cuando se incluyen todas las variables en juego que hay manejar con cautela el escenario, según Guido Zack, sería el siguiente: “El gobierno tiene el objetivo de que las tarifas aumenten más que la inflación para eliminar los subsidios. También hay cierta restricción para que los salarios bajen en términos reales, es decir, que suban menos que la inflación y sin descartar el costo social que conllevaría. Además, el salario, por un lado es costo, pero por otro es demanda. Por otra parte, tiene restringida la posibilidad de anclar el tipo de cambio, o al menos lo puede hacer, pero por un tiempo limitado, mientras tenga financiamiento externo. Por eso no se puede pensar en una estrategia de shock. Porque para eso hay que bajar mucho el salario real o apreciar mucho el tipo de cambio. Una opción no es deseable y tampoco sostenible en términos sociales. Y la otra no es sostenible en términos económicos. Entonces, en mi opinión, no queda otro camino que una política más gradual, la cual debería incluir una suba de precios menor, así como exigencias salariales menores, y, por lo tanto, que los precios aumenten, luego, en menor medida. Se trata de bajar la nominalidad de la economía. Y que el tipo de cambio permanezca flotante alrededor de los precios. Que no se atrase, pero que tampoco se dispare”.

Siguiendo esta misma línea argumental, la etapa final del análisis incluye la matriz productiva y exportadora de la Argentina: Tenemos muchas actividades más bien tradicionales: el sector agropecuario, algo de industria relacionada al agro, algunos pocos enclaves más industriales y de servicios y no mucho más. Esta falta de industrialización genera un crecimiento industrial muy demandante de importaciones, las cuales son financiadas, principalmente, por las exportaciones agropecuarias. La industria tiende a crecer a un ritmo más acelerado que el campo, sobre todo por el factor tierra, el cual no es reproducible. Y si tenemos en cuenta que la industria es importadora neta y la producción agropecuaria es exportadora neta, esta diferencia de velocidades hace que, constantemente, la balanza comercial tienda a ser deficitaria. Esto provoca devaluaciones recurrentes, que generan inflación, pero no fomentan exportaciones ni sustitución de importaciones, porque la Argentina está lejos de ser competitiva en buena parte de las industrias. De allí que podríamos afirmar que un determinante muy relevante de la inflación en la Argentina podría estar en su estructura productiva poco desarrollada. Y que la solución de fondo sería que aumente la producción de bienes transables”, concluye Zack.

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