Crisis en Chile: un combo de crecimiento sin redistribución

Las causas que motivaron las olas de protestas en Chile parecen ser diversas, pero desde el análisis económico, hay dos variables que hay que verlas en conjunto y que, para Luis Beccaria, no se pueden obviar: “El buen comportamiento económico del país a lo largo de las últimas décadas en contraposición con una disminución de la desigualdad que no acompañó dicho crecimiento”.

El crecimiento de la economía de Chile lleva ya varias décadas, las mismas que su larga historia de desigualdad. El detonante último de las protestas sociales fue el aumento en el boleto del subte, pero podría haber sido cualquier otro y se podría haber originado en otro momento. Porque este desfase entre una minoría opulenta y una inmensa mayoría de muy bajos recursos no es nuevo.

Para Luis Beccaria, investigador y Profesor Titular de Economía Laboral de la Facultad de Económicas, “hay una objetividad de una economía que muestra grados de opulencia, de promedios mayores a la media, incluso con instituciones bastante sólidas. Pero que, por otro lado, tiene niveles de desigualdad que reflejan diversas cuestiones, como las debilidades del mercado del trabajo, del sistema educativo y de salud, y los altos precios de los servicios públicos, entre otras cuestiones”.

Para Beccaria, “hay una objetividad de una economía que muestra grados de opulencia, de promedios mayores a la media, incluso con instituciones bastante sólidas. Pero que, por otro lado, tiene niveles de desigualdad que reflejan diversas cuestiones, como las debilidades del mercado del trabajo, del sistema educativo y de salud, y los altos precios de los servicios públicos, entre otras cuestiones”.

“Las instituciones del mercado de trabajo chileno son débiles”, afirma Beccaria, antes de explicar los motivos: “Por más que tenga una tradición de un partido comunista fuerte, los sindicatos, en general, son débiles y suelen estar organizados a nivel de empresa y no de rama, como es la tradición argentina. Además, tienen una institucionalidad laboral y de la seguridad social que también es poco robusta”.

En línea con esto, no es de extrañar que las reivindicaciones en el plano laboral, también sean muchas y de diversa intensidad. “Después de iniciadas las protestas sociales se aprobó una reducción de la jornada laboral a 40 hs. semanales, cuando antes eran de 45 o 46 hs. Pero esto costó cuatro años de discusión, ya que la derecha tiene una representatividad política muy importante. Hay poco trabajo no registrado, pero es mucho más precario que en el resto de la región. Además, las indemnizaciones son muy difíciles de cobrar, y tampoco hay aportes patronales”, sostiene el Profesor.

“Por otra parte, el sistema educativo en Chile está muy segmentado y es muy poco inclusivo, las escuelas públicas secundarias son de muy baja calidad, pero el peor problema es el del sistema universitario, el cual está totalmente arancelado, incluso en las pocas universidades públicas que tienen. Existe un sistema de ingreso restringido, cuyo examen otorga determinada cantidad de puntos y, en función de ese puntaje, se puede elegir la carrera y la universidad, la cual hay que pagar”, afirma el investigador de la FCE.

Una salida compleja pero posible

En este amplio espectro que recorre desde su experiencia como especialista en temas como distribución del ingreso, equidad y ascenso social, Luis Beccaria sostiene que, en Chile, “el sistema previsional es un sistema de ahorro y tiene muchos problemas de equidad. En este sistema, quien se queda sin trabajo durante un tiempo, no puede ahorrar, por lo tanto, la cuenta no se incrementa. Además, las jubilaciones son muy bajas”. Y, en cuanto a salud, el panorama también dista de ser el ideal: “Los trabajadores aportan a lo que serían las equivalentes a las AFP, pero de salud, donde tienen muchos copagos. Y todo esto empeora mucho si no existe esta afiliación por parte del trabajador”.

“Lo primero que hay que hacer es ir en dirección de una mayor presión tributaria hacia los sectores más altos, y en ese sentido ya se tomaron medidas. Pero hay que hacer una revisión del sistema tributario, lo mismo que con el sistema previsional, el educativo y el laboral”, dijo Beccaria.

Por si fuera poco, “los costos de los servicios públicos son muy elevados, también desde hace ya muchos años, incluso más caros que en la Argentina durante la última etapa de aumentos. Es decir, razones para expresar descontento y pedir cambios, claramente existe. También hay otros motivos que tienen que ver, por ejemplo, con la segmentación de la sociedad, ya que hay una gran segregación residencial que es muy marcada”.

A la hora de ver una posible salida a semejante problemática, el docente afirma: “Aparentemente, ninguna de estas reivindicaciones ha sido apropiada por ningún actor político ni social, algo que sí suele suceder en nuestro país y esto es un problema en sí mismo. Primero hay que ver cómo se canalizan estas demandas y cuáles son las prioridades. Y luego hay que avanzar en mecanismos que generen un escenario de mejor distribución. Lo primero que hay que hacer es ir en dirección de una mayor presión tributaria hacia los sectores más altos, y en ese sentido ya se tomaron medidas. Pero hay que hacer una revisión del sistema tributario, lo mismo que con el sistema previsional, el educativo y el laboral”.

“Lo bueno que tiene Chile, es que posee espalda económica como para empezar a dar lugar a dichas demandas. Pero más allá de que las condiciones económicas sean relativamente buenas, tampoco se puede gastar en cualquier cosa. Hay que dar cierta sustentabilidad a cualquier medida. Hoy, su economía está funcionando sobre ciertos parámetros, pero si se proponen cambiarlos -algo que realmente pueden hacer- van a necesitar ciertos ajustes que van a llevar algún tiempo. Lo importante es que la sociedad advierta que haya voluntad de hacerlo y que no sean solo medidas aisladas. Y, por supuesto, para ello es fundamental la decisión política”, analiza Luis Beccaria.

Luego de plantear el escenario actual y su posible salida, el docente e investigador también se encarga de dejar en claro que “La desigualdad de Chile no es la más marcada de la región, incluso su economía tiene una cierta estabilidad, sobre todo comparada con la de la Argentina, en términos de precios. Brasil, por ejemplo, tiene mucha más desigualdad en término de ingresos, incluso Perú también tiene una desigualdad un poco mayor. En cambio, la Argentina y Uruguay tienen un menor grado de desigualdad. En definitiva, la desigualdad en Chile es cercana al promedio de la desigualdad en América Latina”.

Por último, a modo de cierre Beccaria deja un concepto que pareciera encerrar la clave para entender un poco más los reclamos de los chilenos: “Lo que hay que tener en cuenta es que esta desigualdad se da en un contexto de una economía, como la chilena, a la que le va muy bien desde hace varios años. Lo cual no es poco”.

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