¿Cómo se adaptó la universidad para brindar clases en cuarentena?

¿Qué aplicaciones o herramientas digitales fueron las más usadas por docentes y alumnos, y con qué resultados? ¿Cómo prevén que se podrían modificar las cursadas cuando se supere el COVID-19, con una mayor interacción entre las modalidades presencial y online? Un balance a pocos días del cierre del primer cuatrimestre en aislamiento.

En las próximas semanas los estudiantes de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA finalizará el primer cuatrimestre de cursada en cuarentena, luego de haber rendido sus primeros exámenes a distancia y actividades de seguimiento obligatorias. La experiencia también significó un desafío para los docentes, al haber tenido que poner en práctica un conjunto de herramientas digitales que, en muchos casos, hasta ahora no habían utilizado al menos de manera regular en sus materias.

Para realizar un balance de estos meses de estudio y aislamiento, Saldo a Favor consultó a docentes de diferentes materias de Económicas de la UBA, que también dictan clases en el Ciclo Básico Común (CBC) y en el programa de educación a distancia UBA XXI. Además de las herramientas que ofrece la facultad, como la plataforma Miecom, se destacan las aplicaciones WhatsApp y Zoom como las más utilizadas en estos meses, aunque hay otras que despiertan interés. Algunas de estas herramientas podrían complementar a futuro la modalidad presencial. No obstante, advierten que será necesario achicar la brecha digital para que todos los alumnos puedan acceder por igual a las tecnologías.

Walter Palacios es docente de las materias de Economía, Microeconomía y Economía Social, con un total de 70 alumnos, aproximadamente, y coordinador de la cátedra de Economía de CBC con 360 alumnos asignados. Su primer desafío consistió en organizar el uso de los espacios en su casa para conciliar el trabajo con la vida familiar: “Con mi pareja transformamos el living para tener en un mismo sitio un aula para dar clases, una biblioteca, el lugar de estudio de mi hija, el comedor y la sala de entretenimientos. Me costó pero con el tiempo me fui adaptando”.

“Con mi pareja transformamos el living para tener en un mismo sitio un aula para dar clases, una biblioteca, el lugar de estudio de mi hija, el comedor y la sala de entretenimientos. Me costó pero con el tiempo me fui adaptando”, comentó Palacios.

En relación a los aspectos académicos, Palacios indicó que, a diferencia de otras facultades de la UBA, las clases en Económicas comenzaron unos días previos al inicio de la cuarentena, lo cual les permitió conocerse con los alumnos y armar un grupo de WhatsApp para estar conectados. Además de contar con un aula virtual provista por la institución, utilizó la plataforma Zoom para el dictado de las materias, usando como base el programa PowerPoint. “Esta plataforma contiene otras herramientas como un pizarra, la posibilidad de realizar encuestas y compartir archivos online en el momento, que fueron de mucha utilidad. Para no tener que reconectarme cada 40 minutos, compré la licencia, además de unos auriculares bluetooth para no molestar a mi familia, y un micrófono para mejorar la calidad del sonido”, dijo.

Para el CBC, el docente utilizó la plataforma Moodle de educación virtual, donde se subieron los contenidos de la materia, e incluyó otras aplicaciones como Google Classroom, YouTube, Instagram, Facebook Live y Zoom.

“Ya di clases en abril, mayo y junio, y los alumnos están acostumbrados”, afirmó, aunque lamentó la falta de acceso a la tecnología de algunos alumnos, que sólo poseen celular y no tienen computadora, lo cual limita el aprendizaje. “Creo que para muchos estudiantes las clases se convierten en un espacio donde interactuar con otras personas en medio de la monotonía de la cuarentena”, consideró, y comentó que también mantienen reuniones especiales para sostener la motivación: “Cada 15 días hacemos un poco de catarsis. Hablamos de cómo estamos y qué viene, entre otras cosas”.

“Ahora no sé cómo voy a hacer para volver a dar clases con la tiza, porque me siento mi cómodo trabajando con aplicaciones en vivo. Me llevo un montón de aprendizajes y de herramientas nuevas. Por empezar iré a las clases con una notebook y un cañón”, afirmó.

“Nueva normalidad”

Julián D’Angelo es docente de las materias Administración General y Prácticas para la Inclusión Social. “En ambos cursos vengo trabajando desde hace muchos años con el campus virtual de la facultad, tanto de repositorio de materiales como para entregar trabajos, subir consignas, compartir algunos links de videos y artículos. Además me incorporé al grupo de WhatsApp organizado por los estudiantes, que fue muy útil. Mediante esta herramienta, con audios y videos, pudo continuar dictado las clases durante las primeras semanas de cuarentena. Luego incorporó las plataformas Jitsi y Zoom. “Nunca las había utilizado para dar clases, pero me resultaron muy amigables. Hoy trabajo con 100 alumnos conectados, pese a la limitación de los 40 minutos que ofrece la plataforma para realizar reuniones virtuales”, dijo.

“Las dinámicas de las clases online y presenciales son diferentes. En un aula es fundamental el feedback con los estudiantes para saber si es necesarios repetir un concepto o explicarlo mejor. No obstante, pienso que una vez que termine la cuarentena, algunas de estas herramientas digitales se podrían sumar a las clases presenciales”, dijo D’Angelo.

En relación al seguimiento y evaluación de los alumnos, “use un mix de trabajos domiciliarios y evaluaciones online a través de las aplicaciones que nos da la plataforma del campus virtual, como múltiple choice. Otra ventaja que tuve en mi curso es que ya tenía toda la bibliografía escaneada y subida al campus”.

“Hubo una muy buena respuesta por parte de los estudiantes a esta nueva normalidad, aunque para ello fue necesario acomodar varias cosas. A las clases virtuales hay que dedicarles más tiempo. Si bien se dictan en un horario establecido, el ida y vuelta con los alumnos es full time. Recibo preguntas al celular todo el tiempo, hasta los fines de semana y a la noche, no sólo a los grupos de WhatsApp sino también mensajes personalizados y otras consultas en el campus”, dijo D’Angelo.

“Las dinámicas de las clases online y presenciales son diferentes. En un aula es fundamental el feedback con los estudiantes para saber si es necesarios repetir un concepto o explicarlo mejor. No obstante, pienso que una vez que termine la cuarentena, algunas de estas herramientas digitales se podrían sumar a las clases presenciales. Por ejemplo, Microsoft Forms, que permite tomar exámenes a través de un celular, es muy práctico porque los alumnos responden un cuestionario desde sus teléfonos móviles estando en el aula. Para una modalidad de múltiple choice es muy práctico y posiblemente lo implemente”, indicó.

Herramientas para aprender

Agustina Marante es docente de Macroeconomía y Política Económica en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA. Además dicta Economía en el CBC y en el programa UBA XXI, donde, al ser un curso a distancia, ya venía experimentando con educación online. “Este campus virtual está preparado para que los alumnos tengan disponibles todas las herramientas necesarias para el proceso de aprendizaje, con programas de radio, presentaciones en PowerPoint y Word, autotest y un organizador de lecturas, entre otras”, explicó.

“Tratamos de que los alumnos puedan aprovechar las clases aunque sólo tengan el celular. Hay muchos que no tiene computadora o que no tiene wifi en la casa, por lo cual el celular les da la posibilidad de conectarse usando datos o wifi de otro lugar”, informó Marante.

A diferencia de la Facultad, donde los docentes llegaron a tener una clase antes de la cuarentena, en el CBC las clases comenzaron en junio y tuvieron un periodo de acompañamiento previo de dos semanas. Desde la cátedra armaron un formulario para que los alumnos completen con sus datos y luego cada docente se contactó con ellos y armaron un grupo de WhatsApp para mantener la comunicación fluida.

“Estamos dando las clases por zoom respetando el horario habitual de cursada. Tratamos de complementar con vídeos, bibliografía, presentaciones en PowerPoint y algunos ejercicios o trabajos prácticos sin nota. También uso otras herramientas interactivas como la plataforma Socrative, que me permite hacer preguntas y recibir las respuestas en el momento”, explicó Marante, aunque lamentó las limitaciones que existen por la falta de dispositivos electrónicos en algunos hogares: “Tratamos de que los alumnos puedan aprovechar las clases aunque sólo tengan el celular. Hay muchos que no tiene computadora o que no tiene wifi en la casa, por lo cual el celular les da la posibilidad de conectarse usando datos o wifi de otro lugar”.

“Esta modalidad no significa un mayor esfuerzo pero sí es necesario plantear la necesidad de hacer silencio para que la clase por Zoom salga prolija y sin distracciones. Las demás herramientas representan más trabajo de parte del docente pero son necesarias para que el proceso de aprendizaje sea exitoso. El contacto con los alumnos también implica tener que contestar inquietudes fuera de horario e incluso los fines de semana, pero nos da la posibilidad de mejorar la comunicación ante cualquier problema y aumentar la contención”, sostuvo.

Antes de la cuarentena Marante aplicaba algunas herramientas del método de enseñanza “la clase invertida” que ayuda a la construcción de conocimiento de los alumnos, aumentando la productividad y el rendimiento de las clases presenciales y disminuye el tiempo de estudio y lectura. “Estoy tratando de aplicar este método durante la cuarentena y voy a tratar de perfeccionar y aumentar las herramientas que ya estoy utilizando”, finalizó.

Profundizar el uso de tecnologías

Iván Quiroga Cangiano es profesor adjunto en las materias Administración General, Dirección General y Seminario de Integración. Además es Secretario Departamento Pedagógico de Administración de la Facultad de Ciencias Económicas. En mi caso, y del equipo docente que coordino, el proceso de adaptación al dictado de clases online fue relativamente sencillo. Vengo trabajando por iniciativa propia en cuestiones de apoyo digital y, en el ámbito profesional, hago consultoría basada en tecnología, con lo cual veníamos trazando ese recorrido”, indicó.

“La posibilidad de haber profundizado en el uso de las herramientas tecnológicas durante la cuarentena refuerza la idea de avanzar con la estrategia digital como soporte”, dijo Quiroga Cangiano.

No obstante, el docente aclaró que, “si bien venía organizando actividades en forma remota, el hecho de pasar las clases a una modalidad 100% digital genera una exigencia mayor porque el rol del docente también implica moderar, coordinar y hacer un seguimiento que es mucho más intenso y minucioso en el aula, donde podemos trabajar en vivo y resolver muchas cuestiones ahí mismo”, dijo y agregó: “El trabajo online no tiene límites y eso fue difícil, sobre todo al principio de la cuarentena. Con el paso del tiempo logré equilibrar la organización de las jornadas y el trabajo privado. También fuimos regulando con los estudiantes el nivel óptimo y previendo algunas reglas como para no invadir la vida personal y familiar”.

En cuanto a las plataformas digitales y aplicaciones implementadas, especificó: “Hace mucho tiempo estoy usando Slack, una plataforma de colaboración que me sirve como base y apoyo para la coordinación de temas, y que podemos vincular con Zoom. También hacemos algunas sesiones vía Skype y usamos Google Meet para algunas charlas. Además tenemos grupos y de Facebook para las materias, y utilizamos la plataforma de la facultad, Miecon”, detalló.

Hasta ahora, Quiroga Cangiano y su equipo pudieron cumplir con los contenidos curriculares y están previendo una instancia de cierre al 31 de julio. “Para los exámenes realizamos test de lecturas con opciones múltiples y hacemos presentaciones grupales virtuales, con análisis de casos o situaciones de organización que estamos analizando. Los alumnos también realizaron un trabajo domiciliario como parcial”, informó.

“La posibilidad de haber profundizado en el uso de las herramientas tecnológicas durante la cuarentena refuerza la idea de avanzar con la estrategia digital como soporte. Creo que el mundo ideal sería una modalidad mixta, donde deberíamos tener una actividad presencial o alguna dinámica de grupos y después el soporte virtual para tener un enfoque integrador y mejorar la consolidación con los estudiantes. Hay muchas cuestiones que se pueden incorporar como un hábito normal de una cursada fuera de la pandemia”, concluyó.

También puede gustarle...