Apps de delivery: ¿Parte de la solución o un nuevo problema del mundo laboral?

Se caracterizan por una alta precarización laboral hacia sus empleados, sin embargo, en muchos casos, generaron nuevos puestos de trabajo. Y brindan muchas herramientas para que la situación de los trabajadores sea regularizada. Aunque, para que esto se concrete, debe haber voluntad firme por parte del Estado.

En la organización de los procesos de trabajo la tecnología juega, cada vez, un papel más destacado. Internet mediante, las plataformas online y las diferentes aplicaciones, comenzaron una carrera que está dando sus primeros pasos. Y, como todo elemento disruptivo, trae de la mano diversos interrogantes. Uno de los más controversiales tiene que ver con la relación laboral entre los trabajadores y las empresas.

“Estas empresas suelen decir que quienes hacen los diferentes trabajos son colaboradores o socios. Y se encargan de dejarlo bien en claro en sus páginas web. Sin embargo, hay varios indicios que dejan entrever que se trata de una relación asalariada. En el caso de las plataformas online, donde suelen hacerse trabajos de traducción, encuestas, diseño, etc, queda bien en claro que hay alguien que le da órdenes a otro. Desde cómo debe ser la metodología de trabajo, para cuándo tenerlo listo, y demás cuestiones, que son establecidas por el demandante final”, sostiene Luis Beccaria, profesor e investigador de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA.

“En el caso de las App´s, la situación es similar, aunque tiene sus particularidades. Las empresas suelen hacer hincapié en que no es una relación laboral porque el horario lo decide el trabajador. Sin embargo, quien reparte pizzas, sabe que la demanda de su servicio está en determinadas franjas horarias. A las 8 de la mañana, difícilmente vaya a tener trabajo. Además, si un día decide no aceptar determinados envíos, la empresa le reduce la cantidad de pedidos posteriores. O si no llega a hacer entrega del envío en el tiempo estipulado, también se lo sanciona”, explica Beccaria.

Pese a esto, el argumento principal de estas empresas es que quienes realizan estos servicios, entran en la categoría de trabajadores, pero no en la de asalariados. “Eso no tiene demasiado sustento, ya que a los asalariados se les dice cómo deben realizar la tarea, bajo qué condiciones, en qué tiempos… Son todos parámetros que utilizan este tipo de aplicaciones”, aclara el investigador de la Económicas de la UBA.

Vaso medio vacío y medio lleno

“En nuestro país, la introducción de estas aplicaciones de delivery, como Rappi, Glovo o Pedidos Ya, o incluso la de Uber, hay que mirarlas a la luz de la realidad de nuestro mercado, altamente informalizado. Desde cierta perspectiva, una persona que trabaja en una de estas plataformas, está mejor que quien hace repartos para la pizzería del barrio y que, muchas veces, solo cobra lo que recibe de propina”, opina Luis.

“La solución ante la irrupción de estas nuevas relaciones laborales es la regulación”, dijo Beccaria.

Beccaria afirma que este nuevo escenario podría ser un avance por partida doble: “Primero, en términos económicos, ya que el repartidor cobraría más al trabajar para alguna de estas plataformas que si solo recibiera propina. Y segundo, que la relación de estas personas con las aplicaciones, está documentada a través del pago de monotributo”. Y aclara: “Con esto no quiero decir que me parezca bien que los empleados tengan que pagar monotributo, sino que se generan mejores condiciones para regular estos trabajos, siempre y cuando exista la voluntad estatal de hacerlo”.

“En este sentido, hacer que el pizzero de barrio regularice la situación de la persona que tiene como delivery es casi imposible”, sentencia el docente y explica: “Son muy difíciles los controles y, llegado el caso, lo más probable es que, si se lo intima para que lo blanquee, lo termine despidiendo. En cambio, se hace mucho más sencillo regularizar la situación de personas que trabajan para empresas internacionales, como Glovo, Uber, Rappi, etc. Por eso digo que, al haber una factura de por medio, existe la evidencia de que hay una relación laboral. Incluso la plataforma tiene registrado cada pedido que le hizo a quienes trabajan para ella”.

Otro caso que apunta en el mismo sentido puede darse con Uber. “A diferencia de lo que sucede en muchos países de Europa y en los Estados Unidos, donde se tiende a precarizar este tipo de relación laboral, en nuestro país la situación está, cualitativamente, un poco mejor. Sobre todo, si se la compara con la mayoría de los remiseros, que se encuentran en una situación de informalidad absoluta”.

“Es decir, si el trabajo que generan estas aplicaciones es sustituir el trabajo formal, eso sería un problema. De hecho, ya hay supermercados que tercerizan el envío a domicilio a través de estas plataformas, y si no echaron a los empleados que lo hacían antes, por lo menos no van a contratar más para que lo hagan. En este caso, es claramente perjudicial. Pero en otros casos, sobre todo en la Argentina, lo que hicieron fue reemplazar un trabajo que tenía una informalidad aún mayor. O incluso generaron un trabajo nuevo, que antes no existía. Este cambio en las relaciones laborales es bueno, sobre todo si el Estado quiere hacer algo, porque tiene las herramientas para llevarlo a cabo. Y puede hacer muchas cosas, desde un extremo, que es regularizar la situación de estos trabajadores como asalariados, hasta el otro, que puede ser, al menos, hacer que se les brinden niveles mínimos de estabilidad laboral, seguridad y protección”, analiza Beccaria.

A modo de reflexión final, el docente de la Económicas sostiene: “La solución ante la irrupción de estas nuevas relaciones laborales es la regulación. No se puede combatir esto prohibiendo estas aplicaciones. Ahora bien, si el Estado las regula y tienen que cerrar porque no tienen margen de ganancia, quiere decir que no tienen razón de ser. Porque quedaría en claro que solo pueden existir a partir de la precarización de los trabajadores”.

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